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El mazo de la justicia

Hace un tiempo, mi pluma (sería más correcto decir mi tecla) sirvió para comentarles cómo un hombre iba a ser rociado de ácido como castigo a esa misma acción. La Ley del Talión en el siglo XXI. Con brocha gorda esbocé que, a veces, es mucho más humano interpretar al primo Talión que no a una justicia que de vez en cuando -más a menudo de lo que gustaría- se encarga de demostrar que de social y justa, valga la redundancia, tiene mas bien poco.

Hoy vuelvo a hablar de Talión o, lo que es lo mismo, Ley del Mazo. Ponerles en situación sería repetir una historia que ya se ha visto -para gozo de todos- y comentado estos últimos días; así que simplemente les coloco en Lazcano (ellos dicen Lazkao), provincia de Guipúzcoa, al mediodía del martes 24 de febrero cuando la madriguera de ese pueblo fue misteriosamente destrozada por, presuntamente -como buen presunto periodista me gusta presuntamente cuidarme y estos presuntos detallitos del presunto son básicos para la  presunta corrección-,  un tal Mazo. Un día antes, los asiduos a esa taberna -si no a esa, a una parecida en algún otro pueblo de la zona- habían reventado la Casa del Pueblo con una acción propia de ellos: bomba y correr; así que Mazo se cabreó y decidió a golpe de cabeza -la suya claro- entrar allí cuando estaba cerrada y llevarse por delante todo lo que buenamente pudiera destrozar.

Mazo usó un instrumento para poder llevar a cabo su maléfico plan, utilizó ‘un emilio’ que empleó para poder subir y bajar en el aire porque, sin él, poco iba a destrozar el cacho cabrón de Mazo. Así que allí estaba él, como les decía, parte de madera abajo y de goma arriba, a la luz del día enseñando su figura, algo que no hacen los de la lucha ‘legítima’, y accionando a su monigote para que subiera y bajara mecánicamente y soltase improperios contra los excepcionales camareros y clientes del garito mientras sonaban los cristales, mobiliario y demás cosas que se rompían, presuntamente, cuando Mazo golpeaba. Scrach, scrach. ¡Qué anti-democrático!, ¡qué terrorista!, ¡qué violento!, ¡qué inhumano!

Ante tal barbarie las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado vasco -¡juas! Qué risa tía Felisa- actuaron como se debe, con proporcionalidad; esa que luego piden para hechos a cinco mil kilómetros de aquí los amigos, sumisos o cómplices -o los propios terroristas-. Frente a Mazo armado con un emilio enviaron tres patrullas con sus seis ertzaintzas. Si alguno de ustedes pensaba que esos ni son policías ni nada y que como mucho se parecen a los agente de movilidad que se ven por las calles de Madrid se equivocan de cabo a rabo. Resulta que no son esos tíos de rojo y negro que se paran enfrente de manifas ilegales (no toda la culpa es suya) sino que esos tíos, curiosidades de la vida también de rojo y negro, son unos policías del recopetín. Detienen y crean diligencias en un periquete. El non plus ultra de la efectividad vaya. Mazo custodiado por dos agentes mientras otros cuatro desactivaban el modo insultos y estiramientos de brazo del emilio. ¡Uf! el pueblo sale de su escondite y respira tranquilo.

Lo más surrealista de todo es que es al emilio al que le pretenden empurar. ¿Alguien se imagina a un juez imputándole a una pistola un homicidio? Es muy entendible que no podamos tomarnos la justicia por nuestra mano y Mazo pague por ello con todo el peso de la ley, pero ya me dirán qué culpa tiene el pobre emilio que se vio arrastrado allí por Mazo, el -repito- presunto autor material de los destrozos. Así que como bien dicen los políticos de todos los colores (lógicamente los máximos representantes de lo políticamente correcto, y más en elecciones como era el caso) no podemos estar a favor de que Mazo haya realizado este acto irracional de destrozo pero, ¿qué me dicen del emilio? Es imposible que por hacer lo que Mazo y la sociedad española le piden a gritos le condenen y menos cuando fue un mero instrumento.

Instrumento necesario, eso sí. Necesario para que se vea que la sociedad vasca y española todavía está despierta aunque el sueño atonte lo suficiente. Emilio es un instrumento necesario para que desde Lazcano a Sanlúcar de Barrameda sonriamos al ver a un hombre con un mazo entrar en un bar a destrozarlo sin pensar que es un loco sino que es el más cuerdo del pueblo. Emilio es un instrumento necesario porque somos más los del mazo y el cabreo que los del hacha y la serpiente. No dijeron más que gilipolleces los trajeados que viven con escolta. Era casi más previsible que el hecho de que mazo y Emilio hayan tenido que abandonar su pueblo. Ha perdido, de una tacada, su casa y su forma de vida y lo único que se les pasa por la cabeza a los políticos es un “¿qué dirán?” antes de abrir su bocaza. Emilio tendrá que buscar otra casa y si tuviésemos vergüenza en este país Pepiño Blanco le daría su ático de lujo y Touriño su Audi exclusivo, el pepé le pagaría un escolta en vez de contratar espías y no dudaríamos en defenderle frente a las denuncias abertzales. La democracia no se quiebra por eso por mucho que quieran vender la moto.

En lugar de esto, a Emilio le condenan los políticos y se convertirá en acusado al mismo tiempo que se le invita a los terroristas a convertirse en víctimas. Y nos parece normal.

Un mazo; hay veces que eso querría tener yo.

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2 Responses to “El mazo de la justicia”


  1. marzo 4, 2009 en 10:07 am

    Si durante todo este tiempo hubiera habido mas gente con mazo o mazos gente (y digo mazos y no pistolas que luego los Ynestrillas de la vida se me confunden…) seguramente mejor nos hubiera ido. Y nos hubiera ido mejor porque todas las alimañas abertzales no tendrían hoy en día la sensación de impunidad y de ser los amos del barrio que tienen y que es lo que les permite acosar en manada a todo aquel que diside del lebensraum con boina que promueven.

    Y alguno dirá que la justicia no se la puede tomar uno por su mano y que para eso ya esta la policía pero es que en el País Vasco la policía se llama Ertzaina (GC y CNP solo están en labores antiterroristas y con poca presencia en la calle) y los mandos de esta solo responden ante el “régimen” (Patxi dixit) que es el PNV…y ya se sabe…unos mueven el árbol y otros recogen las nueces.

    A ver si de verdad largan a Mr. Spock y todos sus acólitos y todo esto cambia pero mientras tanto ya saben: A Dios rogando y con el mazo dando.

    ¡Saludos!

  2. marzo 9, 2009 en 2:00 am

    A Eric: te agradezco el comentario y siento haberme equivocado; sin excusa te diré que escribo estos artículos en poco tiempo y ni los reviso.

    Y otra cosa, ‘estatutos y estilo’ está para algo. Tu comentario se ha eliminado por eso de tarugo.


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