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Ene
09

La Navidad y su espíritu

Por fin con ustedes tras una semana de parón del cual me siento -quizás porque lo soy- el único culpable. Y ya en 2009 que les escribo; estamos llenos de novedades. Espero que hayan sido buenos porque yo he seguido igual de gruñón que siempre así que alguien tendrá que cumplir con eso que nos quieren meter con calzador. Espíritu Navideño creo que lo llaman. Y no sé porqué tienen tanta manía en que seamos felices a base de música taladradora en El Corte Inglés, campanitas por las calles, el ‘jingle bells’ en los móviles de tus acompañantes de paseo o, lo que es peor, teniendo que aguantar palabras inconexas colgadas de las calles de Madrid.

Si además en Navidad no  le cambia nada a nadie, excepto a quien le toque la Lotería o a gente como los Kikos o el Opus que viven de un mensaje de paz que no cumplen consigo mismos. Incluso tengo que aguantar a familiares que nunca veo -si nunca les veo será por algo, no sé porqué tendría que tener ilusión por verles en esta época-. Aunque bueno, le dí una opción a estas fechas y huí de Madrid marchándome a Córdoba, pero no sirvió de nada porque si bien allí no capté a la gente sí me sirvió el trayecto en metro hasta Atocha para comprobar lo que estoy diciendo, que la gente en Navidad es igual de tonta del haba que en cualquier otra época.

Verbigracia. Como experiencia nueva mis padres y hermano -contando conmigo claro- decidimos pasar la Nochevieja en Córdoba como ya les dije así que,  no conforme con vivir esa única experiencia, decidimos ir hasta la estación del AVE (Atocha) en metro. Más o menos se tarda una media hora así que me preparé a oler y escuchar todo tipo de cosas en el suburbano. Para mi sorpresa -y para disfrute de los que se quejan de que sea tan cascarrabias- todo transcurría como uno espera que pase en un lugar civilizado. Sin gritos, ni móviles podía ir tranquilamente agarrado a la barra mientras hablaba con mi padre del error de ir a Córdoba. Pero no, el mundo se empecina en darme la razón. Cuando faltaban tres paradas montó en mi vagón y por mi puerta una invidente a la que ayudé a entrar y cedí el sitio al lado de la puerta mientras miraba al chico de unos treinta años que estaba sentado en el primer banco con una cara que cualquier -incluso él con su analfabetismo latente- podría leer en perfecto castellano ‘te levantarás, ¿no? Pipa con gafas”. Cuando el tren arrancó, un señor mayor que estaba sentado codo con codo con el chico este cedió el sitio a la ciega. Al chico no se le caía la cara de vergüenza. Pero eso no es todo, esta historia terminaría aquí y simplemente diríamos que el pimpollo con gafas es un maleducado que esperemos un día vaya con una hernia que no se pueda estirar y nadie le ceda el asiento pero hubo un detalle más para no sólo desear este pequeño mal sino que amplío a un ojalá hubieses tropezado al salir del vagón y te hubieses roto la nariz, por gañán. Resulta que una vez el tren arranca, una vez que el señor mayor cede el sitio a la chica y que yo me arrimo a mi padre para dejar al señor apoyarse y que no pierda el equilibrio, resulta que después de todo esto va el chico y se levanta. Mi cara de incredulidad fue perfeccionada en ese mismo momento porque no me lo podía creer, el chico se bajaba en la siguiente parada. Dirá que qué más dará, que no conoce a nadie del vagón y que para qué se va a levantar un par de minutos antes por una ciega o por un señor mayor.

Pues te podías levantar un par de minutos antes para ahorrarme esa cara que decía no puede ser verdad. Para ahorrar a mi padre darse la vuelta susurrando ‘gilipollas’ -palabra que no suele decir pero que me alegró enormemente porque descubrí que no era el único que pensaba que era un tonto del haba el tío-. Te podías, también, levantar un par de minutos antes para no atrofiar esas piernas tan descansadas que tienes no vaya a ser que te lesionen la rodilla y chafen una gran progresión como futbolista de elite o como modelo de ortopedias. También se me ocurre otra razón para que te levantases un par de minutos antes, para que alguna vez el mundo no me diese la razón y la gente se comportase como debiere. Es muy distinto hacer algo por ser lo políticamente correcto que por hacer lo correcto. No criticamos nada que pueda herir ‘no vaya a ser que…’ pero después que cada uno se lama su cimbel. El chico ese es mi último recuerdo de Madrid el día 31 de diciembre. Ojalá llegases descansado a donde fueres amigo, para así no sobresaltarte por la mala noticia que te daría tu novia de que te pone los cuernacos con tu mejor amigo que es un as en la cama y no como tú, que eres un perfecto descansado hasta en la cama.

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1 Response to “La Navidad y su espíritu”


  1. enero 10, 2009 en 1:37 am

    Has vuelto con más fuerza que nunca. Tenemos un problema bastante importante de educación en nuesta sociedad actual, cosas como el hijo de la gran puta del metro lo demuestran. Se me hace raro verte a ti agarrado a una barra del sub-urbano la verdad..xD

    abrazos!

    http://masperroquesnoppy.blogspot.com


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