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Nov
08

Escoria universitaria

Hay una especie de subpersonas -aunque sea mucho denominarlas personas- que van en aumento en los campus universitarios. Al menos en el campus de Ciudad Universitaria en Madrid y, al menos, en la Facultad de Ciencias de la Información. Les voy a decir de lo que hablo porque igual me están dando la razón como a los tontos.

Modelito-tipo de esta bazofia estudiantil: rastas de peluquería o pelo largo -obligatorio no lavarlo-, vaqueros rotos de marca -preferible Levi Strauss que era un americano obrero-, camisetas Mercado Fuencarral -no menos de veinte euros-, cazadoras vaqueras con las mangas cortadas o bombers militares, chapitas a euro de todo tipo de eslóganes para borregos en las que el humor no puede faltar. “Bu$h” o “Antifascista” suelen ser típicas. Y para acabar, zapatillas Vans o Etnies o algo así, que tampoco conozco en profundidad. Eso sí, la pinta de guarro no se la quita ni Mister Proper en sesión contínua. Y la gilipollez también es difícil de quitársela, sobre todo porque quieren seguir siéndolo y así ni discursos razonados ni cristo que lo fundó. Antisistemas se hacen llamar.  Escoria violenta sectaria o gentuza borracha les llamamos los demás. Y encima van de derechos para todos, quieras o no. Te jodes porque “esto es lo chachi y lo de izquierdas”. Gracioso que se hagan llamar antifascistas los retrasados.

Voy al tema. El martes y el miércoles hicieron un encierro en la universidad  -seguramente mamá echó de casa al cabecilla por no hacer la cama y le pareció bueno montar esta pantomima- con el pretexto de quejarse del Plan Bolonia. El cual ni conocen. Pero en este país para criticar nunca ha sido necesario conocer nada. Faltaba más. En cuanto al encierro, supongo que pasaría conforme a lo acordado. Quedarse en la facultad por la noche, prohibido. Acampar en un lugar de la administración pública, prohibido. Llenar todo de mierda, no estará prohibido pero es de gentuza. Están convencidos de que pueden llenar todo de papeles y cartones. Están en su derecho, para variar. Digo yo que será el mismo derecho que tendrá la señora de la limpieza para meterles la escoba por su refinado esfínter al más puro estilo Vlad El Empalador. Menuda acampada de proletarios se montaron con sofás, televisión y toda la tecnología de portátiles y consolas. Mimados revolucionarios. Además, como la Complutense está mandada por quien está -Berzosa, el amigo de los progres- no pasa nada. A todos los que la liaron por la noche en la facultad se les expulsaba y a quien no le guste que se joda. Se acababa fácil la tontería progresista porque ya les digo yo cuantos seguirían “en la lucha camarada” sabiendo que el final es ser expulsado. Cero.  Pero claro, luego dirían que son unos fascistas los rectores y decanos por no permitir la libertad de expresión y alguna otra demagogia que se les ocurra y eso no se puede permitir. Berzosa en particular y la izquierda en general son el non plus ultra de lo políticamente correcto. Rediós que mala uva me entra.

Hablando de estos engendros sociales no  se podía quedar aquí la cosa. El jueves, día uno después del encierro, se organizó una huelga de estudiantes. Y aquí surgió la primera duda: ¿el derecho a huelga no es para los trabajadores? Como no conozco -ni ganas- el estatuto estudiantil me ahorro estropear la página pero dejo ahí la pregunta. El caso es que llegué el jueves a clase sin conocimiento de esa huelga por motivos que no vienen al caso y cuando me dispuse a entrar en el edificio me encontré con una piara de esos personajes que se fundían en el paisaje con unos contenedores de basura (bonita metáfora por cierto) con los que estorbaban la entrada a la facultad. Me dije a mí mismo que era muy pronto para liarla y seguí andando hacia la puerta de atrás. No fue del todo sorpresa ver que la trasera estaba completamente libre, sin nadie que la vigilase y te enjuiciase. Digo que no es del todo sorpresa porque no espero nada del intelecto de esos paniaguados. Una vez dentro, después de compartir comentarios con mi compañero Miguel Ángel Sánchez y de confirmar que no iba a haber clase nos dispusimos a tomarnos un café. Algo muy típico sea huelga o no. ¡Pero no para los defensores de la libertad!. Los indeseables vagabundo de la facultad a los cuales ya sólo les faltaba el perro y la flauta para ser verdaderos compañeros de jerinquilla en las Barranquillas nos taponan la entrada a la cafetería. Y con un plato y una cucharilla de café empieza una obesa muy guapa de cara -de cara a la pared- a martillearme el cerebro con una melodía descompasada. Trauma musical de la infancia imagino, y eso que tocar los triángulos no era complicado. A esa mujer le hacía más gracia tocar los cojones por lo visto. Los suyos y los ajenos. ‘¡Me voy a tomar un café!’ fue mi respuesta a esa décima sinfonía que no pudo hacer Beethoven. Pues no contentos con el concierto que nos obligaron a escuchar, el último de lo que pretendía ser un piquete me tuvo que preguntar que a dónde iba. A tirarme a tu pobre y santa madre chaval. Sólo faltaba tener que decirle a un niñato lo que hago o dejo de hacer. O igual es que pretendía seguirme por algún motivo sentimental. Es posible que fuese maño, en eso no había caído. Ahora siento haber sido tan grosero con él.

Se envalentonan porque la sociedad les deja. Son el grupo radical ‘simpático’ de nuestros días. No son nazis dicen, cuando en realidad lo son tanto o más que los que se ven en la tele con la cabeza rasurada. Pero como son progres y es lo que mola como si quieren ser de la secta de Violadores De Hermanas Ajenas que no pasa nada, no vamos a ser intolerantes por favor. Esa escoria de niños de papá acepta y disfrutan de la sociedad y del capitalismo para comprarse sus caprichos caros pero que lo critican porque queda muy cool. La culpa es de todos, para variar. Estoy cansado de decir que tenemos lo que merecemos y en esta universidad regida por los intereses más sectarios que haya visto jamás no se puede esperar que salgan personas libre pensadoras -ni pensadoras casi- de debajo de las piedras. Encima intentan imponer sus gilipolleces a los demás. Si quieren ser gilipollas que lo sean, en eso no me meto. A quien Dios se la de que San Pedro se la bendiga; pero que no nos obliguen a los demás a ser tan tontos como ellos. Hacía mucho que no se lo llamaba a nadie pero se lo merecen. Esa panda de guarros infrasociales y los que les permiten actuar a sus anchas por la facultad en realidad, lo que son, no es más que unos hijos de la grandísima puta.

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1 Response to “Escoria universitaria”


  1. noviembre 17, 2008 en 12:22 am

    Cuanto se echan de menos los grises por Ciudad Universitaria…y eso que alguno que le tocara correr seguro que paga sus impuestos religiosos ¿o era religiosamente?…pero bueno…daños colaterales….je

    Saludos!


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