27
Oct
08

Profesores y profesores

¿Dónde vamos a ir a parar? Ya ni en este país tiene uno algo que echarse a la escopeta con lo que llenar un folio cada semana. También ayuda que, como dije en otros artículos, escribir los domingos -en los que juego al fútbol- es cansado físicamente ya que duelen hasta las falanges de todos y cada uno de los dedos. Así que nada, he recordado un episodio de esta semana en una clase, Opinión Pública. Se lo voy a contar porque no tengo mejores cosas que hacer y ustedes si han llegado a este punto tampoco.

Me voy a saltar toda la parafernalia de hacerme el sorprendido de que un profesor universitario de Ciencias de la Información -léase periodismo- exprese sus ideas políticas como si estuviésemos tomando una caña y pinchando mejillones en el salón de su casa con el Real Madrid en la tele. Me niego a hacerme el sorprendido porque estoy en cuarto y ya me he resignado a aguantar a tontos del haba que solucionan sus ansias de informadores famosos opinando delante de cincuenta chicos (y chicas, que recuerdo hay que decirlo todo). Pero lo que si me niego también es a aguantarme. Dios me libre de ser pepero -y más de este pepé– pero los profesores, los pocos, que tienden a ese lado suelen ser bastante más elegantes en cuanto a opinar y en cuanto a aguantar comentarios de cocos vacíos panfletarios.

Verbigracia. El otro día a Teodoro González Ballesteros, profesor catedrático de Derecho a la Información, le hicieron una pregunta sobre el tema de la hipotética muerte de Franco (ideario del Garzón Pursuit) y alguien, si lee y escucha un poco, sabe que su teoría es que lo del juez superstar roza la prevaricación -para mi la toca de lleno- pero su exposición terminó en <<Mis ideas se las expongo si quiere luego en la cafetería tomando algo>>. No me digan que no se echa de menos gente así. Encima viste con pajarita, tirantes y reloj de cadena. Olé usted Don Teodoro. Sigo ejemplificando, y ahora ya llego a mi profesor de Opinión Pública; aunque me van a perdonar que no me sepa su nombre y también me van a perdonar que no quiera buscarlo porque da lo mismo. El caso es que como ejemplo de manipulación periodística puso, así con toda su cara, a Pedro J. Ramírez, su periódico y la investigación del 11 de marzo. Alguien debería decirle a mi profesor que el juicio que comentó como ejemplo de justicia no ha resuelto nada y no tenemos ningún culpable intelectual. Y la idea de que cuatro moritos de Lavapiés fundamentalistas se cargan a doscientas personas igual a él no, pero a mi me chirría. Incluso en clase llegó a decir <<Todavía siguen pensando que hay una extraña mano que pone al Partido Socialista detrás del atentado>>. Tontos los hay en todos lados y las mesas de universidad no se iban a librar. Este es de los que piensan que aquello de Iñaki Gabilondo -en mi facultad lo conocerán por “Dios”, los muy borregos- de los terroristas suicidas con <<fuentes policiales>> fue una equivocación que todos pueden cometer. Todos los de su bando claro, las equivocaciones en el otro bando se pagan con manifestaciones en día de reflexión; así de demócrata. También recuerdo al Gran Iñaki, alias Dios, con aquello de de lapidar e insultar a un discapacitado que asistía a una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en su silla de ruedas. Qué poco manipula nuestro amigo Dios, digo Iñaki. Me estoy marchando a las ramas del pino común porque Gabilondo me da igual; que le idolatre quien quiera y a quien Dios -el bueno, no el de San Sebastián- se la dé que San Pedro se la bendiga. Pero si ese alguien es profesor ya no me parece de recibo y San Pedro no se la bendice, se la escupe en la cara. La tristeza de Educación Para la Ciudadanía es en el colegio de todas formas, haga magisterio y tire millas. Pero no tengo porqué aguantar los odios de nadie mientras intento aprender algo, no me da la gana. Y luego nos callamos porque otros amigos nos dicen que para qué o por miedo a que nos suspendan. Bien lo sabe el profesor Fajardo conmigo. La gente me dirá que la libertad de cátedra es así. Pues si es así, es una mierda y apesta, como el sistema educativo, como casi todo lo público y como España en general. Fácil.

Menudos panfletistas que se quieren llamar profesores hay que tragarse. Como aquí nadie me puede decir nada y esto sí que es un espacio personal -y es como tomarse un café- puedo dar mi opinión: Profesor, como sociólogo que es ayude a Garzón a buscar a Franco y a Cabanillas encuestando a familiares o a ellos mismos si siguen vivos junto con el hijo de Moscardó si hiciese falta. Mis fuentes me han dicho que todos andan muy escondiditos bajo tierra. Para no tener nada que escribir al final me sangran las encías de odiar. Que asco de profesores que van de liberados y son sólo unos esclavos. Esclavos de los políticos además. En los profesores hay clases y es fácil diferenciarlos. Unos te invitan a ir a otro sitio para hablar y otros te obligan a escucharles porque nunca se han visto en una así. No se trata de enseñar mejor o peor, sino de tener clase. Hay profesores y profesores.

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