07
Sep
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Te lo mereces

Pongo en conocimiento de los escasos lectores de esta página que estoy a favor de colgar del palo mayor del Sebastián Elcano -insigne velero escuela de la Armada Española- a todo cabronazo capaz de pegar a su mujer, novia, madre. Y también a los que levantan la mano a padres y hermanos, seamos paritarios en violencia doméstica. Y con estas primeras líneas me justifico como medida preventiva a una más que probable denuncia conjunta de Bibiana Aído -miembra selecta del Gobierno- con feministas enfermizas por la afirmación que a continuación les formulo: Algunas se lo merecen. Quizás exagere. A tenor de lo que conozco, por lo menos una se lo merece -o merecería, que aquí todo es presunto-.

Resulta chocante ver en esta España -la única- donde no saludamos al vecino por miedo, odio o envidia como un hombre ayuda a alguien por amor al arte, por ética, por conciencia, por ayudar al débil -a la débila en este caso supongo- o porque le salió de las narices, tanto da. Por ello es un héroe. No sé si será buen profesor o pésimo; si es sectario o plural. Y tampoco sé -ni pretendo saberlo nunca rediós- si cumplía con su mujer o si la tenía en ascuas (se lo dejaremos a Patiño y compañía este tema). Lo que sí sé es que por deber y honradez bien entendidos intentó impedir que una mujer fuese vejada por su marido. Seguramente no era el único que pasaba por ahí (esos son menos chocantes, ya que aquí conocemos muy bien eso de que cada perro que se lama su cipote y cada perra su vulva) pero él participó impidiéndolo y como recompensa, ¡pumba!, puñetazo a traición y una situación clínica casi imposible de superar. De esto se ha escrito mucho y no quiero ser pesado además de que suelo compartir mínimos con la opinión pública. Yo, ya lo escribí, le colgaba arriba del barco de marras aunque, esta vez, por la agresión al héroe anónimo -por ser suave porque en realidad me apetecen otras cosas que incluirían artilugios que los carga el diablo-.

Del canalla no voy a escribir más, no hay opinión sobre ese engendro. Que le peten donde tenga que ser y que rece por no cruzarse a alguno que en vez de con la tecla como yo se desahogue con un bate de béisbol. En este caso lo que me chirría es otra cosa -u otra persona, a su elección lo dejo-: mi amiga la mujer del agresor del catedrático. Que, por cierto, se ha hecho mediática y ya la he podido leer  y ver en medios de comunicación defendiendo lo indefendible previo paso por caja, una Belén Esteban más, qué alegría. Alguien le tendría que haber dicho que es mejor parecer tonto y estar callado que hablar y confirmarlo. Esa mujer no es una agredida ni una maltratada, eso dice con unas lágrimas de rabia que ni Boabdil. Pues yo, qué quieren que les diga, le voy a dar toda la razón del mundo. Si ella dice que no, no seré yo quien le obligue a ser lo que no es. Sinceramente, lo que esa mujer es -y aquí hago de adivino- es un futuro cadáver de la violencia sexista. Y lo será por kamikaze, desagradecida y soplapollas. Ni me extrañaré de que suceda ni clamaré al cielo por una ley que no es efectiva -para que se cumpla una ley se debe entender y no le pidan eso a sesenta perturbados- porque, sin más, se lo mereció. Decir que era una disputa privada y ¿tú pa qué te metes? es tanto como decir que sus golpes, moratones y posible fiambre no le incumbe a nadie y que si ella no se defendió sería por algo. Algo que no tendría que ver, ni por asomo, con que era mucho más débil físicamente sino a temas más íntimos, privados dice. Quizás le dijo que ella finge los orgasmos y él, cauto en sus reacciones, estaba en su derecho matrimonial de enfadarse, zarandearla y llegado el caso, degollarla. Pues no, las cosas no son así. El hombre que ahora está más muerto que vivo se puso en medio para que no te pasara lo que a muchas otras mujeres y tú no sabes ni dónde está tu coño porque se te hace todo agua con el hijo de puta ese y criticas a alguien que sabe cómo debe comportarse una sociedad. Te lo mereces chica, por tu forma de ser te mereces esa pareja que pega a un hombre que va de espaldas y te pega a ti de espaldas, de frente o mientras te atas los zapatos. Te merecerás, si sigues pensando así, que un día El Mundo, El País y La Razón abran con tu cara y un número al lado. Te merecerías que la cama de hospital de Neira fuese de tu propiedad. Nos habríamos ahorrado saber tu repugnante opinión y pensaríamos que fuiste una pobrecita más. Lo dicho, si es que hay gente que merece lo que tiene.

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