31
Ago
08

La honradez cristiana

Hoy no puedo estar enfadado. Tampoco triste; ni mucho menos alegre. Parece mentira cómo en días como el que pisamos te dicen ‘olvídate que este día pasó’ y eres capaz de aceptarlo sin rechistar, como si te hiciesen el mayor favor del mundo. Tanto es así que si te diesen a elegir entre la paz mundial, el fin del problema de las almejas tuertas del golfo de Persia, el exilio de gobernantes estúpidos (nótese la redundancia introducida con saña) y la normalización lingüística catalana-gallega-vasca-español de género neutro -todo en un mismo pack 4×1- o dormir por el otro lado -así, a pelo- lo tienes muy claro. Anda y que se les caiga el otro ojo a las almejas persas, anda y que se queden aquí esos estupendos gobernantes que en el fondo te hacen gracia cuando hablan -Magdalena Álvarez tiene un tonillo y un lenguaje tan bueno que hace que te pongas de su lado ante cualquier adversidad- y, además, piensas que podrás aguantar con esta lengua española sin normalizar que escribir ‘españoles’ es mucho más cómodo que ‘españoles y españolas de la nación vasca, y catalana y gallega y demás’. Así que sin dudar se lo dices a tu negociador. Me quedo con dormir, pero regálame algo, un albornoz y una sauna por ejemplo.

En fin. Todo esto para decir lo que cualquier persona -hoy me toca a mí- eligiría el día después de una sobre exposición al alcohol. Y todo esto también para decir que el análisis, mi punto de vista o mi opinión -a secas- de algo lo dejaremos para más adelante. Hoy me apetece contarles un chascarrillo eclesiástico de mi amigo Álvaro.

Resulta que debido a la eterna misericordia de Dios, el cielo se ha quedado pequeño a estas alturas de la película. Está lleno, no entra un alma -nunca mejor dicho-. Ni el Metro de Madrid en hora punta para que me entiendan. Así que Dios junto con sus colaboradores de Fomento y Cultura -Magdalena y César Antonio- crea el plan de emergencia. El brazo ejecutor será el pobre San Pedro, que si no ha tenido bastante con ser el portero toda su vida encima ahora le cae otro marrón. Así se lo hace saber a Dios en la reunión secreta que tiene lugar entre ambos. Macho Dios, yo tengo bastante con mirar la lista, ver si puede entrar, percatarme si no lleva chanclas o calcetines blancos para que encima me mandes otra misión. ¿Por qué no se lo pides a San Lázaro? que desde que le resucitaste te debe un favor. Pero Dios, como quien oye llover -o como quien manda plagas- impasible le volvió a repetir la tarea: Se acabó esto de dejar entrar a todo el mundo por su cara bonita, se está llenando esto y se acaba el negocio Pedro -la confianza hace que le quite el ‘San’-. Magdalena tuvo una brillante idea y es lo que vamos a hacer. Mira, a partir de ahora en el atril de la puerta nada de listas. Biblia y fardo de billetes, una cosa a cada lado. A la persona que llegue le das a elegir; si coge la Biblia le dejas entrar y si coge el dinero, amablemente señalas el ascensor para allá abajo.

Y así empieza San Pedro con el primero que llega una vez puesto todo en orden y tras la aprobación del correspondiente Decreto Ley. Una mujer la primera y amigablemente San Pedro empieza su nuevo trabajo. Buenos días señora Alfaro; por favor antes de entrar hágame el favor de elegir entre estas dos cosas que hay aquí. La señora Alfaro, extrañada, no sabe qué hacer. Pero tras una nueva explicación -a ella le habían contado que ese no era el procedimiento- se resigna y piensa. La Biblia dice al final cogiendo el libro suavemente. San Pedro satisfecho, sabía que era una señora de domingo a misa y lunes cuchicheando sobre todo, actitud cristiana, abre las puertas para ella. Al rato viene un chico jóven, palmó conduciendo borracho, y San Pedro a lo mismo, la misma explicación. El chico también elije la Biblia -¿pensábais que no? menudos prejuicios- y San Pedro, que sabe que el tío ha sido un cabroncete, no le queda otra y le abre el cielo; y allí entra el chico con su Biblia bajo el brazo tarareando chunda-chunda. Así pasa la mañana, con la anécdota de un señor de mediana edad que eligió el fajo de billetes porque nunca había leído y veía una chorrada empezar a estas alturas. Así que tiene el dudoso honor de ser el primer hombre que se va con su dinero a tomar por saco allá abajo, en el perpetuo verano saharaui.

Se estaba acabando ya el día, San Pedro cuadraba la caja y ya preparaban la fiesta de la nube para esa noche cuando se ve venir hacia las puertas a un hombre bien vestido, elegante en el andar y aire de buena persona, sin embargo no hay expediente alguno sobre él. San Pedro empieza su ritual: señor, debe elegir entre esta Biblia o este montante en euros. El señor, con aire tranquilo, coge la Biblia y la abre, leyendo en voz baja. El Génesis, exclama, este pasaje es cierto como que el sol sale y lo marca con un billete. Sigue leyendo y ahora se detiene en el Deuteronomio. Por favor -dice-, este libro es esencial. Iniciado por Moisés y terminado por Josué, ¿como no señalarlo?. Así que eso hace, con otro billetito. Continúa su lectura deteniéndose y marcando cada cierto tiempo. Que si las Crónicas, los Salmos, etcétera. Todo muy bien marcado con su correspondiente billete. Hasta terminar, como es lógico, marcando el Libro de la Revelación. Cuando termina de dar su repaso a la Biblia mira a San Pedro, con su Biblia ya bajo el brazo y dice: Así podré leer los mejores pasajes sin perder demasiado tiempo, me quedo la Biblia claro. San Pedro no sabe qué decir, se ha quedado con el cuerpo hecho limón. Confuso le abre las puertas del cielo, pase.

Por la noche, en la fiesta, se encuentran San Pedro y Dios, que le pregunta por cómo fue el día con las nuevas normas. El guardián le cuenta la anécdota del hombre que se sabía todos los libros de la Biblia que marcó con los billetes los mejores pasajes. Dios le mira con aire reprobador moviendo la cabeza de un lado para otro y con gesto desesperado. Rediós San Pedro, se nos ha vuelto a colar uno del Opus Dei.

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1 Response to “La honradez cristiana”


  1. septiembre 3, 2008 en 12:47 am

    Enormee xDD ma hecho muchísima gracia!!!es una verdad como la vida misma el “chiste” ^^xD

    Xaime: Senovilla por Dios, ¡escribe bien por favor!


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