24
Ago
08

A veces compensa

Pues eso. Ni más ni menos que lo que han leído en el título. Resulta que entre políticos -lo de corruptos y tarugos va en el mismo sustantivo- de todos los colores y partidos, entre grandísimos hijos de puta que no tienen bastante con agredir a sus mujeres sino que además le parten la cara a un héroe individual, con el cainismo como forma de vida. Con la palabra dimisión olvidada por responsables que sueñan serlo para trincar pero que quieren dejar de serlo cuando tienen 154 muertos en la puerta y muchos vivos que quieren partirles la cabeza -con razón soberana-. Entre gente que desea una hostia ajena para justificarse o para hacer un yoyalodije como la copa de un pino aunque en realidad dijesen lo contrario; entre oportunistas y, en definitiva, entre toca pelotas va y pasa esto. Y tú que has maldecido mil veces a la tropa de subnormales que forman España te ves erguido con la piel de gallina. Receloso piensas si de verdad esos tíos de blanco más largos que un día sin pan son españoles como uno de Albacete. Y cuando otros países te miran con una cara tal de asombro tal de envidia (jeje, ¡por primera vez!) te ves asintiendo con la cabeza y con un aire fanfarrón que ni Alberto de Mónaco. Sí, sí, ¿dónde está vuestra Selección traidores anglosajones?.

Y tiene gracia el porqué de esto ya que yo, de baloncesto, en televisión y gracias. Lo que sí sabía es que los gringos se lo inventaron un día de aburrimiento y que, amén de ello, son los mejores aunque últimamente llevaban equipos de chichinabo y aquí venían con los mejores. También me dijeron que ya no está Michael Jordan aunque un tal Kobe Bryant es un sucedáneo del otrora mejor jugador del mundo -y ser sucedáneo del ex-volador te convierte en un fenómeno-. Pues vinieron y se han paseado como Pedro por su casa -o como ruso por Georgia- en toda la olimpiada, España mediante incluso. Pero tócate la nariz Beatriz que llegamos a la final y nos pusimos gallito -es bastante típico de nosotros-. Otra vez a jugar contra la panda de armarios empotrados saltarines y no íbamos a permitir otra humillación -aunque son también muy típico español-. Así que allí que salieron Gasol I El Velloso, Gasol II El Aún Más Velloso, Rudy El ¿Que No Paso? ¡Verás! y compañía. Por primera vez en siglos entonamos el ¡Cierra, España!, que si Blas de Lezo pudo cuando se le daba por muerto, nosotros 267 años después también luchamos de antemano. Y así, como aquellas monedas acuñadas que nunca vieron la luz, los sellos conmemorativos que se imprimían en los sótanos de la ‘Guait Jaus’ norteamericana estaban en el último cuarto del partido siendo aliñados para servírselos en frío a Bush I El orangután porque los hegemónicos de casi todo lo empezaban a ver un poquito negro, tonalidad Lebron James. Y en ese momento de acojone nacional -un 4 de julio todos juntitos pero con cara de ver Psicosis- es cuando los yankees caminan en vez de botar, meten hostias que te visten de torero y aquí no pasa nada señor árbitro -esto lo reconocerán, porque también es muy español-. Fernando Romay (coruñés como yo) lo dejó claro: “las mismas normas para todos. No vale que para unos sí y para otros no”. Yo, que soy más mal hablado, lo he llamado toda la vida que o todos putas o todos señores. Y mejor todos señores. Pero no se le puede pedir peras al olmo ni caballerosidad a los gringos cuando pueden actuar como putas y cobrárselo en oro. Pero como ya dije, entre tanta chusma que habita en España salieron unos pocos señores e hicieron del honor, del orgullo y de los cojones la mejor metáfora del rojo-gualda-rojo de España. Todo el mundo miró a España, incluso los norteamericanos -y vieron que no somos un país vecino de México-y decían o pensaban cosas así como sois unos fenómenos, los mejores -casi- ¡e incluso algún francés hubiese matado por ser español en ese momento!. Por gente como esos gigantes que si su destino es morir le hacen un corte de mangas y le dicen chúpate esa y mueren matando piensas que España tiene algún sitio por el que salir. En la guerra el victorioso habría reconocido el coraje del derrotado. En este partido fue Bryant -que me parece un señor el ídolo sustituto de Jordan- el que señalaba las letras ‘ESP’ de la camiseta de Pau Gasol y le dijo sin palabras: ¡siéntete orgulloso coño! porque sois los campeones del mundo y habéis perdido este partido como los grandes. Siéntete feliz porque esas tres letras de tu pecho que representan a cuarenta millones de personas nos han puteado y bien gran son of the bitch y ya me estaba viendo exiliado en Canadá empeñando la medalla de plata. Algo así le dijo y eso que no abrió la boca. Sí señor. Que los egocéntricos y narcisistas de los americanitos ingleses nos miren con sorpresa y que el resto del mundo admire a tu país (Gasol dixit) lo había leído en libros de Historia pero no lo había vivido -queda un regustito bastante simpático-. Por fin lo pienso, por fin lo conozco. Por fin entiendo a Juan de Austria, Fernández de Córdoba o Felipe II entre muchos otros. Lo entiendo aunque justo ahora pongo la Fórmula 1 y me percate de que volvemos a ser los primeros gilipollas en todo, ahora en meter chicos entre las tías de la parrilla -a partir de ahora ya no serán las conocidas ‘tías de la parrilla’-. Me da igual, hoy paso de los sopla-vidrios políticamente correctos. Cierro los ojos y pienso en lo de antes. Sí, claro que si. Y lo suelto, yo sólo en el salón. Ser español, a veces, compensa.

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