07
Ene
08

Carta abierta a María Ramírez -regalo de Reyes-

Querida María:

  Te sorprenderá que esta carta esté para el dominio público, pero he ahí la gracia de lo que se llama “carta abierta”, que la puede leer todo el que tenga un rato libre. Así ayudo a que la gente sepa, a riesgo de parecer un repipi ante todos mis lectores habituales –que habitual sólo suelo tener uno-, lo que eres y significas.

  Publico hoy esta misiva porque así te entrego la primera parte de tu regalo, sin coste alguno para mí, sólo mi tiempo. Tiempo que, por ti, no se gasta sino que se invierte. Es cierto que me he plantado delante del Word sin un esquema, sólo con la intención de plasmar, como ya expresé, lo que significas para mi y, en el fondo, me da miedo porque no me creo capaz de expresarlo todo en una carta. Así que, de antemano, te pido disculpas si esta carta no logra expresar más que un quinto de lo que eres. Y no es menos cierto que siempre he tenido ganas de escribir esta carta, así que con mi miedo y mis ganas comienzo esta carta recordándote que desde hace 3 años, 3 meses y dos días comparto parte de mi vida contigo y que, con cualquier persona, me llegaría para saber cómo es, pero contigo me ha llegado para sentirme parte de tu vida aunque, día a día, me sigas sorprendiendo y eso es algo que me encanta y me hace sonreír cada día que hablo contigo –que son todos-.

  Echo muchísimo de menos no tenerte en clase y verte poco. Pero esto es muy subjetivo, porque también te echaba muchísimo de menos y me parecía que te veía poco cuando pasábamos las mañanas en Getafe, sin nada que hacer pero haciéndolo todo. Porque contigo un día es poquísimo, una semana es corta, un mes un suspiro y un año escaso. Y aunque una vida de para mucho –aunque digan que son cuatro días- contigo sería un abrir y cerrar de ojos por mucho que digas que eres difícil y que no se te suele entender. ¿Alguna vez no te he entendido o no te he hecho sonreír? Así que ni difícil ni chuminadas varias porque no lo eres. Eres especial, y algunas veces las personas especiales pueden parecer difíciles, pero sólo hay que saber que se está ante una de esas personas para ver la diferencia que tiene con otras personas. Quizás no sea la percepción de todos los que están o han pasado por tu vida, pero eso es porque no todos saben ver o aceptar que se está ante una persona extraordinaria y se tacha, como te defines tú, de rara o difícil. Lo que yo te pido desde aquí es que nunca te creas eso, venga de quien venga, porque si fueses difícil yo no estaría aquí, porque se me da fatal tratar a la gente difícil, pero a ti te conseguí ver como lo que eres, una persona extraordinaria, ¡y en tiempo récord!

  Ha llovido mucho desde que te recogía en el McDonald de Atocha a las 8.15 de la mañana, cuando todavía no me había despertado del todo aunque verte hacía que me espabilara en un segundo porque irradiabas –y lo sigues haciendo- una sensación de bienestar que, tal vez, viniese por tus “ruidos” de Cercanías cuando te montabas en mi viejo Ford Escort. Y ¿cómo no despertarse con las conversaciones subidas de tono a esas horas intempestivas? Nos da igual la gente, las formas y no nos cortábamos el uno con el otro, aunque hubiesen pasado pocos meses desde que te conocí. Hay que aceptar que no todo fue bonito. Al principio no lo era; incluso recuerdo que tú, que no eres para nada así, soltaste la sentencia que ahora nos causa risa cada vez que lo recordamos: “A veces te metería una hostia”. Dirás que no cuento la historia entera, ni el porqué de tu reacción así que para que no me tildes de selectivo, ahí va: esa sentencia fue, lo recordarás, porque yo dije “eres una niñata”, algo que por lo visto te sentó tan sumamente mal que casi hace que pierdas esa belleza natural que tienes y que acabó con la ya dicha hostia que, literariamente y supongo que figurada, me querías dar. Pero eso no es más que nuestra personalidad, la que los dos tenemos, de que decimos las cosas como son, al instante. Esa es una de las innumerables virtudes que tienes y que no voy a enumerar porque más que una carta abierta parecería la de los Reyes Magos y, ya es sabido, pasaron la noche del sábado y te dejaron esta carta.

  Tengo tantos recuerdos que no sé cual destacar, y la originalidad contigo se me agota porque es sencillo pero complicado decirte que eres la mejor persona que he conocido y que espero que tú y yo sigamos montando un mundo paralelo donde poder empezar desde cero cuando sea necesario o seguir el curso de todo. Pero yo sólo quiero eso si implica ver tu sonrisa, tus ojos, escucharte o leerte. Muchas veces he pensado que las cosas no tenían sentido, que no sabía seguir y tampoco volver pero en esos momentos siempre has estado tú con un café o una coca-cola y una cerveza y una charla. Muchas de ellas sin decirnos nada, pero donde se entendía todo. Imagino que eso habrá surgido de días en las gradas de la explanada universitaria donde una mirada era reconocerse. Aprendimos a entendernos, aunque contigo sea mucho más fácil por tu propia forma de ser, ya que yo soy más “independiente” –como dices tú-. Aprovecho que ha salido esa visión que tienes de mí para decirte una cosa que nunca habías oído: no soy independiente. Quizás esas tres palabras si las oíste alguna vez, pero el porqué no. No soy independiente, porque desde el 5 de octubre de 2004 no me imagino un día sin ti, un momento sin ti o una historia sin ti. Y con “sin ti” no quiero decir que las tenga que vivir todas a tu lado, sino que cuando no es así, siempre tengo el deseo de contártelo, de compartir contigo lo que no he hecho junto a ti; aunque preferiría que creciesen los momentos que estamos juntos. Siempre seremos piqueños, eso no va a cambiar aunque nos caigan 10 años de golpe. Sólo deseo que en este 2008 que ha llegado seas igual que siempre, con tus cosas buenas y no tan buenas –como tus agobios universitarios-, que sigas confiando en mí para cualquier cosa aunque yo no pueda hacer más que mandarte un beso y prestarme para lo que quieras, cuando quieras. Y también deseo poder seguir “sorprendiéndote”, algo que hace mucho que no hago pero que no se me olvida y que, aunque algunas sean rechazadas por considerarlas, a tu modo de ver, excesivas y locuras, no es más locura que imaginarme hacer esas cosas sin ti.

  Desde que en la universidad comenzamos a jugar a sinceridades, un juego un tanto tonto –que no inútil- y cuya finalidad teníamos bastante clara los dos en esas alturas, no te he mentido nunca y no pretendo hacerlo –quizás omitir información, pero eso no es mentir literalmente- por lo que todo lo que te he dicho a lo largo de estos años y en esta epístola son tan ciertos como que soy bajito y tú la mejor persona que conoceré. De ti nunca he esperado nada, porque creo que la mayor sorpresa que me  has podido dar es seguir a mi lado, sobre todo cuando se me conoce y tú, María, me conoces mejor que nadie por suerte o por desgracia, que eso es elección tuya.

  Se me está haciendo muy larga, y llegará a ser cansada la lectura de esta carta y todavía no he descrito ni un dedal de todo lo que implicas. Pero, finalmente, he elegido no intentarlo, me ha vencido el miedo a no saber expresarlo correctamente y he decidido dar pinceladas de lo que eres. Por desgracia, mis pinceladas no son tan exactas como las que podría dar Velázquez en sus cuadros, y tú no quedarás reflejada –por encima- como lo que eres: increíble en el boceto y en el final.

  No me queda ya exposición, así que despido esta carta con el deseo de que esta primera parte de tu regalo de Reyes haya sido de tu agrado y no me digas que la rechazas, entre otras cosas, porque ya es irrechazable. Una sorpresa más, que no está para nada a la altura de las anteriores pero que hoy es lo más que he conseguido. Sin nada más, me despido hasta la próxima vez que hablemos y, espero, hasta dentro de poco que quedaremos. Pero me despido recordándote, una vez más, que nadie te odia como yo. Un beso enorme y felices Reyes.

 Fdo: Xaime Méndez. Autor de este blog, soñador de millones de momentos más contigo y pretendiente de hacerte ver la equivocación de valorar a Rodríguez Zapatero y sus secuaces (no podía faltar el toque político-gracioso, lo siento).

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