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08
Dic
08

Intromisión en la vida pública

Resulta curioso -a la par que frustrante- comprobar semana tras semana que tengo razón. Lo frustrante no es que tenga razón -faltaba más- sino que en lo que nunca fallo es en una de esas cosas que dices, ojalá no fuese así. Ojalá sea yo el tío más equivocado del mundo. Pero niet, ya se encarga el mundo de darme la razón. Hace algunas semanas les hablé de esa señora tan simpática hablando a voz en grito en el autobús y como se nota que soy un periodista con ninguna influencia porque la gente no me hace caso, nadie se queja de lo que escribo y, lo que es peor, reinciden en los actos que me empeño en criticar.

Verbigracia. El viernes pasado yo estaba socializándome de forma nocturna con unos amigos -y con mi hermano que es el primer amigo-. Cuando terminamos con el Red Label del local y las horas invitaban a dormir -o a levantarse si se trabajase el sábado- cogimos un taxi para volver a casa. Al montar, el taxista -un hombre bajito, muy moreno de piel y con una cicatriz del codo a la muñeca- nos pidió permiso para hacer una llamada. Total, los taxistas son los amigos de no cumplir las normas de circulación así que por una más, qué mas dará. Hasta me pareció correcto que nos pidiese permiso. Llamó a su novia -supongo- y cual es mi sorpresa al comprobar que el móvil está con altavoz. Todavía tendría un pase si fuese un manos libres me digo, pero no. El taxista me quitó esa idea cuando se colocó el móvil pegadito a la oreja, como tantas veces hemos hecho todos. O sea que sordo o gilipollas. Le cogió el teléfono Sara; y digo Sara porque es como él llamó a ese gruñido que salió del auricular porque la pobre chica tenía las mismas ganas de hablar como de que alguien le partiese una silla con pinchos y un rodillo metálico en la espalda. Pero el taxista estaba empeñado en despertarla y en darnos el viaje a mi hermano y a mi, así que seguía preguntándo estupideces. Que si no la entendía -que alguien le haga la prueba de despertarle y acto seguido ponerle a un tipo diciendo tonteríaste. A ver quién le entiende a él- y que la iba a llamar ¡en cinco minutos! Igual pensaban que pidió perdón por despertarla y se despidió, que esperanzados de la vida les notom sólo dije que le daba tiempo a despertarse y volvía a llamar.  Además, manda narices, la pregunta de qué tal durmió como colofón de la hoda a la memez. Se ve que le estás reventando la noche pedazo cromañón. Encima de todo esto, el tipo no se cansó de criticar a sus clientes con frases como “la noche mal menos una carrera al aeropuerto”, “la gente es una mierda” y cosas así. ¿Qué clase de persona hace eso? y con otros clientes delante. Hay que cargarse mucho de paciencia para no ciscarte en sus muertos en ese preciso momento y pensar en que si lo hiciese posiblemente no llegaría vivo a mi destino. Al final nos tuvimos que enterar de su conversación con la chica -conversación que estoy seguro ni ella quería que se produjese ni yo quería oirla-.

No se crean que la estupidez de la gente con el móvil termina aquí. Si ejemplos hay para empapelar el Palacio de Oriente. Esta semana paseaba por el barrio de Properidad y en lo que recorría una manzana me crucé a cuatro chicos que iban con el móvil a todo volúmen. Entre el sonido pésimo del cacharro y la cara de “ei tío como molo” dan ganas de tener unas cartucheras con magnum 44 incluída. ¡Payium, payium! justicia social se llama eso y a vivir tranquilo. Al rato, en una tienda de ropa -compraba calzoncillos- dos personas detrás mía a voz en grito hablando del ‘bombo’ de la mujer. Un poco más y me acabo enterando de los centímetros del cacharro del listo que se la benefició. Y con todo esto te vuelves a casa acordándote mentalmente de los familiares de todos aquellos que te obligan a enterarte de su vida porque, entre otras razones, tienen una vida de lo más escandalosa -por los decibelios con la que la cuentan-.

Luis y yo, que solemos hablar de estas cosas -sí, somos unos cascarrabias como la copa de un pino-, comentando en multitud de ocasiones lo molesto que nos resulta esta practica. Todo se resume en una sentencia suya que copio al hacer mía su afirmación. Luis viene a decir que hemos pasado de la intromisión en la vida privada de las personas a la intromisión de la vida privada de las personas en la vida pública de los demás. Este siglo XXI que todos miran con asombro se ha dado como el de la deseducación y el todo vale para cumplir cualquier cosa. Si te quieres encerrar a dormir en la facultad haciendo que parezca una pocilga, puedes -libertad de expresión lo llaman los tontos del haba-, si quieres secuestrar un barco y pedir rescate puedes -y aquí que nos tomamos la gilipollez como forma de vida no sólo puedes sino que debes-. Las formas son lo de menos, lo importante es el fin -eso que tanto se criticó siempre-. Lo único que importa es ser feliz y que no coarten mi libertad. Una palabra que ha perdido totalmente su significado porque si fuese así, ¿dónde queda mi libertad de poder andar tranquilamente o de coger un taxi e ir en silencio o con una conversación? ¿mi libertad para mandarles con aire fresco a comprobar la profundidad de la fosa de las Marianas es menos que la suya a ‘perrear’ por la calle?.

Por fortuna en este tema no estoy sólo. Salvando amigos existe un estudiante de psicología -y no es argentino-  que ha creado MEMPEC (Métete El Móvil Por El Culo) donde hace un llamamiento para que la gente se compre unos cascos. Incluso apunta que en las tiendas de todo a cien -o chinos en esta época- no cuestan más de un par de euros. Me parece muy acertada su iniciativa, no quiero hacer publicidad gratuita pero ya es hora de que los estudiantes se moviesen por cosas cotidianas y no por memeces políticas y libertarias. Lo que me fastidia es que habrá gente que se piense, desde su ignorancia -para ellos bendita ignorancia-, que es una broma más. No diferencian el sentido del humor inteligente con la chanza de barrio y no le tomarán en serio. Pensarán que es una coña y reirán. Es verdad, la gente esa que va con el móvil por la calle. Ja ja y ja ja, que divertido todo. Pues no, somos pocos pero hay gente que estamos hasta las narices de que cada uno se aguante su cirio y si el cirio del vecino hace ruido me da igual; y si mi otro vecino le cuenta a ladridos a Fulano lo que pasa con su cirio también nos es indiferente y sólo ladramos si lo que nos tocan es el nuestro. A mi ya no me quedan ganas ni de quejarme socialmente, me vale esta página como navajazo semanal y mis conversaciones con Luis. Ojalá el taxista llame un día con el altavoz a la tal Sara y se lo coja el tal Manolo y ojalá ese cateto que va con la música a tope no oiga a la moto pitar y cruce alegremente mientras canta, para todo el barrio, el último hit de la semana.

01
Dic
08

Vecinos perfectos

Alguna que otra vez he comentado en estas líneas dominicales mi trastorno mental acerca de que la gente de la sierra es mejor que las personas ‘asfaltícolas’ -término que acuñó mi abuelo para insultarme por motivo de mi huída desde los campos gallegos a la capital, si bien es cierto que depués me fuí de la capital a la sierra-.

Hace poco me tumbó mi teoría una señora que cacareaba en el autobús de Navacerrada con la ya famosa Conchi. Pero ¡qué le vamos a hacer!, mi madre ya pasa de intentar cambiarme y poco le falta a Cristina. Soy cabezón y, por llevar la contraria, seguí pensando igual de la gente de aquí creyendo que esa mujer era la excepción que confirmaba la regla. Niente, de eso nada monada. Hoy me ha llegado con todo el frío polar un pingüino que me miró, se acercó, abrió la aleta y ¡zas! en toda la boca. Que eres un ignorante Jaime y no puede ser.

El pingüino me ha enchufado por mis vecinos colladinos. Los del primer pareado que empieza a continuación del mío. Nunca me han caído muy allá pero no les voy a mentir, no me caen muy allá ninguno de mis vecinos excepto una chica de diecisiete años de la acera de enfrente. Cuando nos cruzamos pasando cerca siempre sonríe -se agradece-, saluda con un “hola”, contesto con el mismo ritual y seguimos nuestro camino. ¿Dónde se ha quedado la cortesía vecinal? En esa chica por lo que veo. Los vecinos que les mento son, en concreto, dos chicos que no pasarán los treinta y cinco años, trabajan algunas veces de noche y suelen saludarme levantando la cabeza o la mano -reciben lo mismo de mí por supuesto-. Tienen el césped a una altura tal que nada tiene que envidiar al Amazonas, da miedo entrar allí por si encuentras algún yacuna con ganas de marcha. Tenían una perra, Raika, la cual me daba tanta pena que siempre le sacaba comida por la verja y la acariciaba porque, pobre ella, se pasaba el día en la parte trasera de la casa. Ese mismo césped que les comentaba sigue cubierto de excrementos de la perra. Por cierto que Raika un día dejó de estar allí, no tengo ni idea de dónde estará pero le aseguro a Raika que sea donde sea es mejor que en esa prisión.

Mis compis suelen invitar a amiguetes. Me parece normal e incluso bien. Como si quieren metérse el alcohol con un embudo por el esfínter que yo ahí ni entro ni salgo porque por suerte no llega el ruido a mi casa. Pero donde si entro es en la falta total de educación, de convivencia y de un mínimo de respeto. Soy el primero que no conviviría si pudiese pero me veo obligado a vivir cerca o rodeado por engendros de mi misma especie por lo que unas mínimas normas sociales me parecen aceptables siempre que sean un poco lógicas. Y a mi me parece lógico que en una urbanización privada de no más de sesenta chalés nadie pague un pastón por el vado para su garaje. Me parece sensato creer que la gente usa su garaje o techado para el coche; sobre todo en invierno donde si no lo usas puedes tardar media hora en limpiarlo por la mañana. También es sensato creer que la gente lo sabe por lo que nadie aparca en las puertas de los garajes de los demás. Tan sensato es que ni siquiera yo aparco en esas puertas incluso sabiendo que no la usan para tal fin -es el caso de mis vecinitos-. Pero claro, de gente que tiene a un perro abandonado -sin morirse de la vergüenza de ver cómo ese perro cada vez que le hacían un mínimo de caso se desvivía por ellos- no se puede esperar que piensen de forma lógica ni, incluso, que piensen. Cuando los compadres de mis primos aparecen aparcan una y otra vez en mi puerta. Me hacen perder el tiempo en ir hasta su puerta, timbrarles, aguantar la cara de soplapollas del que me abra la puerta -suele ser indiferente quien sea porque esa cara la tiene- y que me tengan esperando para ver de quién es el coche. No sé ustedes pero yo suelo conocer los coches de mis amigos. Nunca falla. Si hay un coche en mi puerta es de ellos, siempre.

Hoy ha sido el enésimo episodio. Un Renault Megane en mi puerta, cinco minutos esperando que decidiesen de quién era el coche y una chica que sale pidiendo disculpas a retirarlo. Ya hay que ser gañán para tener que joder una puerta cuando hay sitios para aburrir en la urbanización. A cinco metros se puede aparcar todo un concesionario en línea si se quisiese. Al último que se quedó en mi puerta le quité los cuatro tapones de las válvulas de los neumáticos. Mi nivel de maléfica venganza es una mierda y para no repetir tan estúpida reacción -y no dejar a mi madre hacer lo que tantas veces ha amenazado, rajar las ruedas- decidí llamar amablemente. Iba dispuesto a escupir culebras por la boca cuando el que esperaba dueño del Renault Megane resultó ser dueña. Se me vino el mundo encima, me quedé callado sin capacidad para gritar. No porque fuese guapa, sino por su condición. Me parecería muy descortés gritarle a una chica. Así que hoy me desahogo por aquí.

Algunos dirán que los coches que aparecen en mi puerta nunca son los de mis dos compis, tienen razón pero no dejan de ser tontos del haba. Cierto es que los amigos que aparcan en la puerta no son premios nobel precisamente porque quien suele ver una puerta de garaje la suele evitar pero también hay que ser gilipollas para no decir a esos cegatos que quite el buga de ahí. Vamos a ver amables estúpidos, a ver si os queda un poco más claro: hay gente que piensa y usa el garaje -quizás no sea lógico si se tiene un hueco a cubierto meter el coche en él, pero no todos llegamos a vuestro nivel intelectual, lo siento-, que me estoy cansando de iros a timbrar tropecientas veces para pedir que nos quitéis vuestros putos coches de la puerta. No voy a amenazar con haceros algo yo, -para qué- sino que os amenazo con dejar a mi madre actuar impúnemente. Con una navaja y con la mala hostia que se gasta -la heredé yo- os aseguro que desearéis no haberos sacado el carnet en la puta vida. Y sino siempre quedarán los Miami. No sois más que gentuza, no espero nada de dos personajes que tienen un perro porque es muy chic pero que no son lo suficientemente humanos como para cuidarle. Si lo de los coches es lo de menos, total, siempre se pueden pinchar ruedas pero lo de esos agilipollados no tiene cura, ni nombre. Mil veces más les tendré que timbrar para pedirles que si tal coche es suyo cuando la respuesta es obvia. Que pasen de la humanidad me parece bien porque no vale para nada, pero es que ellos sólo valenpara ir a tomar por culo, para que un día Raika -su perra- vuelva y les mande al otro barrio mientras, como no, yo les mando sus coches al desguace. Y todos felices. La gente de la sierra, al final, es mejor.

24
Nov
08

Hombre tonto, hombre enamorado

Pues apuntando y disparando, que es gerundio. Hoy tengo poco tiempo y por hache o por bé  me siento como esa escoria universitaria de la que les hablé la semana pasada, vacío intelectualmente. Ni siquiera el fútbol me parece hoy una escapatoria digna como aborregamiento de masas y eso que los gallegos de María Pita -con los cuales me identifico en la victoria y, si la derrota es honrosa, en ésta- le enchufaron tres goles al equipo más español de Primera, el Athletic de Bilbao. Y, además, España ha ganado la Copa Davis a Argentina, el país de los Kirchner. Cosa que me alegra doblemente, por patriotismo deportivo y por odio irracional a todo lo argentino excepto si lo argentino se llama Martina Klein.

Pero no me quedaré en estereotipos baratos de boludos -psicólogos en su mayoría- que nada dicen y nada se llevarán a la boca ustedes. Que sé entran aquí con ganas de que me meta con alguien. Así que a eso voy, con el deseo de que mi hermano nunca entre a esta página.

La naturaleza estúpida de los hombres -hablo del género masculino- se hace mayor cuando se está, lo que se dice por ahí, enamorado. Sin físicas ni mariposillas en el estómago somos capaces de hundirnos, insultarnos, masacrarnos o putearnos. Pero si además de personas añadimos el término enamorado, se arma la Marimorena. Somos gilipollas con patas. Y un ejemplo lo tengo en Diego, mi hermano mayor. Lo bueno es que todos ustedes verán en este pequeño ajuste de cuentas algo que les lleve a una situación cercana. Verbigracia. Diego es la persona más decente e íntegra que conozco. Una de las pocas personas que hay en el mundo que todavía hoy se mueve por honor y palabra. Es una de esas personas que con una frase y una mirada reafirmadora hace que sepas que iría al fin del mundo a la pata coja por mantenerlo. Si alguien piensa que estoy siendo subjetivo le invito a conocerle. Desde que era pequeño siempre ha cumplido, conmigo y con todos los que conozco.

A parte de todo eso, tiene una cara de bueno que no puede con ella. Tanto es así -lo de no poder con ella- que de bueno, es tonto. Y de esto hay ejemplos para llenar todos los domingos hasta que vengan cabalgando los amigos apocalípticos -y no me refiero ni a Solbes ni al cejas-. Mi hermano nunca mintió de pequeño cuando hizo trastadas y aceptaba el castigo como parte de la fechoría. Además -el tonto- no se chivaba cuando la liaba yo (obvia decir que yo si mentía. Incluso le inculpaba a él. Hacía gala de mi derecho constitucional a defenderme como pudiese). Con esto no quiero decir que mi hermano sea mejor o peor. Sólo distinto.

Pero heme aquí, dándome con un canto en los dientes. Resulta que Diego es distinto por cómo desarrolla su vida y su honor hasta que se cruza el costillar; es decir, la mujer. Aquí mi hermano ya cumple con la humanidad y todos como en Fuenteovejuna. La parte pastelosa pregúntenmela por correspondencia porque me la voy a saltar y sólo diré que mi hermano tuvo una novia con la cual se iba a casar. Una de esas mujeres que te miran con recelo, de reojo, que se cree inferior intelectual y moralmente -casi seguro con razón- y se fija en cualquier estupidez. Recuerdo una queja de mi ex-cuñada. Consistía, la gran queja, en que una vez Diego no fue caballero y no le abrió la puerta a su paso -la marquesa-. A saber porqué no le abriría la puerta mi hermano pero, visto lo que pasó tiempo después, podía haber sido un poco más caballeroso, abrirle la puerta y en el justo instante en que su instrumento nasal asomase meter un viaje que ni Ruiz Mateos.

Pero eso lo pienso yo. No mi hermano. De él no sale una palabra mala hacia ella. Todavía piensa que es posible, quizás, él hizo algo para que esto sucediese. Y claro que hizo, lo que hizo fue ascender en su trabajo para poder darle una vida y una casa mejor, para poder dar todo a esa chica que, está claro ahora, no lo merece. Ayer dividieron lo que habían reunido juntos ya que vivían arrejuntados -y ahora no me venga ningún monseñor a tocarme las narices religiosas-. Mi hermano como hombre, como hombre bueno y, además, como hombre enamorado -háganse cargo la cantidad de gilipollez que tiene que tener encima ahora mismo- acepta sin rechistar que los regalos que él hizo se los quede ella, lógico, y los que ella le hizo a él no. Ya no es que sea una televisión de la hostia que me vendría de lujo en mi casa nueva, es que como si es una pulsera de hilo. Pues con eso y otras cosas mi hermano ha cedido y nadie le va a poder convencer de lo que tendría que hacer porque no va (vamos) a conseguir nada. Sólo se me ocurre invitarle a unos tercios, repetir eso de “las mujeres sólo te complican la vida”, pasar de cerveza a whisky y acabar los dos agarrados, como cuando eramos pequeños. Sonriendo, como va a ser siempre por muy gilipollas que esté por una chica o por muy honrosa que sea siempre su actitud. La culpa siempre es nuestra, porque somos unos blandos.

Me doy cuenta de que hay excepciones. Quizás por gente como mi hermano es posible que no todo sea mentira y propio aprovechamiento. Quizás todavía haya espacio para los caballeros de antaño -por mucho que su ex-novia no lo vea- que de lo único de lo que presumen es de sus hechos, no de sus coches. Con gente como mi hermano todo sería menos maligno y con menos odio. En eso es totalmente opuesto a mí. Por gente como mi hermano soy capaz de contradecir una de mis famosas sentencias. Hay gente, gente buena, que no siempre tiene lo que merece.

16
Nov
08

Escoria universitaria

Hay una especie de subpersonas -aunque sea mucho denominarlas personas- que van en aumento en los campus universitarios. Al menos en el campus de Ciudad Universitaria en Madrid y, al menos, en la Facultad de Ciencias de la Información. Les voy a decir de lo que hablo porque igual me están dando la razón como a los tontos.

Modelito-tipo de esta bazofia estudiantil: rastas de peluquería o pelo largo -obligatorio no lavarlo-, vaqueros rotos de marca -preferible Levi Strauss que era un americano obrero-, camisetas Mercado Fuencarral -no menos de veinte euros-, cazadoras vaqueras con las mangas cortadas o bombers militares, chapitas a euro de todo tipo de eslóganes para borregos en las que el humor no puede faltar. “Bu$h” o “Antifascista” suelen ser típicas. Y para acabar, zapatillas Vans o Etnies o algo así, que tampoco conozco en profundidad. Eso sí, la pinta de guarro no se la quita ni Mister Proper en sesión contínua. Y la gilipollez también es difícil de quitársela, sobre todo porque quieren seguir siéndolo y así ni discursos razonados ni cristo que lo fundó. Antisistemas se hacen llamar.  Escoria violenta sectaria o gentuza borracha les llamamos los demás. Y encima van de derechos para todos, quieras o no. Te jodes porque “esto es lo chachi y lo de izquierdas”. Gracioso que se hagan llamar antifascistas los retrasados.

Voy al tema. El martes y el miércoles hicieron un encierro en la universidad  -seguramente mamá echó de casa al cabecilla por no hacer la cama y le pareció bueno montar esta pantomima- con el pretexto de quejarse del Plan Bolonia. El cual ni conocen. Pero en este país para criticar nunca ha sido necesario conocer nada. Faltaba más. En cuanto al encierro, supongo que pasaría conforme a lo acordado. Quedarse en la facultad por la noche, prohibido. Acampar en un lugar de la administración pública, prohibido. Llenar todo de mierda, no estará prohibido pero es de gentuza. Están convencidos de que pueden llenar todo de papeles y cartones. Están en su derecho, para variar. Digo yo que será el mismo derecho que tendrá la señora de la limpieza para meterles la escoba por su refinado esfínter al más puro estilo Vlad El Empalador. Menuda acampada de proletarios se montaron con sofás, televisión y toda la tecnología de portátiles y consolas. Mimados revolucionarios. Además, como la Complutense está mandada por quien está -Berzosa, el amigo de los progres- no pasa nada. A todos los que la liaron por la noche en la facultad se les expulsaba y a quien no le guste que se joda. Se acababa fácil la tontería progresista porque ya les digo yo cuantos seguirían “en la lucha camarada” sabiendo que el final es ser expulsado. Cero.  Pero claro, luego dirían que son unos fascistas los rectores y decanos por no permitir la libertad de expresión y alguna otra demagogia que se les ocurra y eso no se puede permitir. Berzosa en particular y la izquierda en general son el non plus ultra de lo políticamente correcto. Rediós que mala uva me entra.

Hablando de estos engendros sociales no  se podía quedar aquí la cosa. El jueves, día uno después del encierro, se organizó una huelga de estudiantes. Y aquí surgió la primera duda: ¿el derecho a huelga no es para los trabajadores? Como no conozco -ni ganas- el estatuto estudiantil me ahorro estropear la página pero dejo ahí la pregunta. El caso es que llegué el jueves a clase sin conocimiento de esa huelga por motivos que no vienen al caso y cuando me dispuse a entrar en el edificio me encontré con una piara de esos personajes que se fundían en el paisaje con unos contenedores de basura (bonita metáfora por cierto) con los que estorbaban la entrada a la facultad. Me dije a mí mismo que era muy pronto para liarla y seguí andando hacia la puerta de atrás. No fue del todo sorpresa ver que la trasera estaba completamente libre, sin nadie que la vigilase y te enjuiciase. Digo que no es del todo sorpresa porque no espero nada del intelecto de esos paniaguados. Una vez dentro, después de compartir comentarios con mi compañero Miguel Ángel Sánchez y de confirmar que no iba a haber clase nos dispusimos a tomarnos un café. Algo muy típico sea huelga o no. ¡Pero no para los defensores de la libertad!. Los indeseables vagabundo de la facultad a los cuales ya sólo les faltaba el perro y la flauta para ser verdaderos compañeros de jerinquilla en las Barranquillas nos taponan la entrada a la cafetería. Y con un plato y una cucharilla de café empieza una obesa muy guapa de cara -de cara a la pared- a martillearme el cerebro con una melodía descompasada. Trauma musical de la infancia imagino, y eso que tocar los triángulos no era complicado. A esa mujer le hacía más gracia tocar los cojones por lo visto. Los suyos y los ajenos. ‘¡Me voy a tomar un café!’ fue mi respuesta a esa décima sinfonía que no pudo hacer Beethoven. Pues no contentos con el concierto que nos obligaron a escuchar, el último de lo que pretendía ser un piquete me tuvo que preguntar que a dónde iba. A tirarme a tu pobre y santa madre chaval. Sólo faltaba tener que decirle a un niñato lo que hago o dejo de hacer. O igual es que pretendía seguirme por algún motivo sentimental. Es posible que fuese maño, en eso no había caído. Ahora siento haber sido tan grosero con él.

Se envalentonan porque la sociedad les deja. Son el grupo radical ’simpático’ de nuestros días. No son nazis dicen, cuando en realidad lo son tanto o más que los que se ven en la tele con la cabeza rasurada. Pero como son progres y es lo que mola como si quieren ser de la secta de Violadores De Hermanas Ajenas que no pasa nada, no vamos a ser intolerantes por favor. Esa escoria de niños de papá acepta y disfrutan de la sociedad y del capitalismo para comprarse sus caprichos caros pero que lo critican porque queda muy cool. La culpa es de todos, para variar. Estoy cansado de decir que tenemos lo que merecemos y en esta universidad regida por los intereses más sectarios que haya visto jamás no se puede esperar que salgan personas libre pensadoras -ni pensadoras casi- de debajo de las piedras. Encima intentan imponer sus gilipolleces a los demás. Si quieren ser gilipollas que lo sean, en eso no me meto. A quien Dios se la de que San Pedro se la bendiga; pero que no nos obliguen a los demás a ser tan tontos como ellos. Hacía mucho que no se lo llamaba a nadie pero se lo merecen. Esa panda de guarros infrasociales y los que les permiten actuar a sus anchas por la facultad en realidad, lo que son, no es más que unos hijos de la grandísima puta.

10
Nov
08

El autobús que cacarea

Alguna semana tenía que pasar. Hasta ahora habían sido días esporádicos pero era demasiada suerte. Tres años ha que resido en la sierra madrileña, era mucho pedir. Por fin he usado el autobús como medio habitual de transporte. Me refiero a los verdes esos que hay por ahí -incluso los de Navacerrada son como los que otrora eran de Sepulvedana; parece que nos vamos de viaje de fin de curso-. Llámenme bohemio -o soplapollas ignorante-, pero estaba convencido de que esos autobuses serían mas normales que los urbanos, más humanos. Y mi circuito mental para pensarlo no era más que la idea de que la gente en la sierra parece -digo parece- más formal y educada. Será por el frío, que nos tiramos el santo día encerrados y para treinta minutos que salimos habrá que saludarse y esas cositas de conciudadanos modélicos.

Y ya me vale a estas alturas de la película seguir pensando bien de la gente. No sé a qué se debe que tenga  esta idea idílica de la abigarrada mancha de personajillos que somos y seremos -y fuimos por supuesto-. La gente es igual de estúpida en Navacerrada, en Villalba, en Madrid y hasta en Villarcayo de la Merindad de Castilla la Vieja -provincia de Burgos por si quieren acercarse-. E incluso son igual de cotorras sin pico, típicas señoras de moño de peluquería. Que tienen toda la pinta de ir a misa y ponerse a criticar a la vecina con el vermuth de después.

Allá vamos. Cargo, apunto y disparo. El viernes, como otros días de esta semana que finaliza, me monté en el autobús con destino Madrid para, como buen estudiante, asistir a una conferencia de mi profesor de opinión pública sobre, como buen profesor, gilipolleces y estupideces políticas -redundancia si, pero tontos hay en todos lados-, además de sectaria por cierto, algo que no me sorprende ya que antes de que empezase a soltar paridas demagógicas partidistas por la boca sabía lo que iba a decir. Está mi compi Guillermo Del Palacio para confirmarlo.

Me lío a hablar y no centro el disparo. Decía que monté en el autobús. Era tarde ya, las diez y media de la mañana más o menos. No había tenido primera hora y me vino que ni pintado porque el día anterior había salido a socializarme durante la noche. Mis ganas de dormir eran evidentes así que me hice fuerte en un par de asientos y usando mi carpeta como acompañante conseguí que nadie se sentase a mi lado. Vi el cielo abierto y ladeando la cabeza me propuse dormir con música en los cascos. Vaya, se me descuajeringó el cacharro de la música. No importa me dije, con el sueño que tengo me da igual dormirme así. Y sí, la verdad que lo estaba consiguiendo hasta que empecé a escuchar -a voz en grito- a una señora que saludaba efusivamente a una tal Conchi. Remarco que la señora que saludaba resultó ser una de esas que cuando la miras después de oir su voz descubres que tiene una voz que pega con su gepeto: insoportable. Con gran sufrimiento acepto que se salude de manera excesiva y cariñosa porque igual no se veían desde que a la fea de la saludadora le amputaron la belleza con la misma fuerza con la que le amputaría yo las cuerdas vocales; pero una cosa es aceptar que se saluden y otra aguantar a la tía esa darle la chapa a Conchi. Porque esa es otra, yo a Conchi no la oí hablar después del saludo, así que intuyo que no estaba muy a gusto con la conversación. Porque en realidad lo que quería la maldita estúpida era contar su vida tan divertida. Y no se lo quería contar a Conchi, sino al autobús entero; ala, con dos cojones.  Y no te parto la cara porque incluso yo he sucumbido a lo políticamente correcto.

Me enteré de que le regalaron un año enterito de Canal + porque la querían timar y cobraban un servicio que ya no se prestaba y les denunció. A la frase siguiente dijo que se lo ofrecieron pero lo rechazó, y si hubiese tenido otra frase la historia de la cadena de Polanco seguramente sería que pidió genuflexionarse delante de Don Jesús -que en Paz descanse- para que no la petasen sus ahorros. También me enteré de que era una solidaria social. Preocupada por el prójimo con frases como “eso se lo hacen a una persona que no sepa y se la lian ¿eh Conchi? Que porque yo sé de estas cosas que sino…”. No acabó la frase porque no tiene intelecto para más y yo, en el bus, no la terminé porque no tengo tantos huevos -la mujer tenía pinta de desvestirme de sólo pensar en darme una hostia-.

La mujer entendida y solidaria me dió todo el asqueroso viaje -cuarenta minutazos- con su tono de voz alto y estridente, no pude dormir y mi dolor de cabeza por la falta de sueño se incrementó por los problemas trascendentales que del buzón de esa señora salían. Y encima cuando nos bajamos en Moncloa se me quedan mirando con cara de “¿y este tonto?” sólo porque me despedí con un ‘hasta luego Conchi’.  ¿Quién dice que la educación no da salud? si la gente fuese un poco más educada yo habría podido dormir un poco y no hubiese tenido ese dolor de cabeza y malestar general. Si la gente supiese que un autobús no es una tasca ni el salón de su casa yo habría soñado, no sé, con que España es un país donde la gente trata de usted a los desconocidos, sabe donde puede contar sus intimidades, habla en bajo, se calla en las bibliotecas, no es una caradura egoísta y, en definitiva, donde se es persona. Pero igual es mucho soñar. Casi que prefiero gastarme el dinero en gasolina y la paciencia en atascos. Ir en coche tiene ventaja, por lo menos las únicas memeces que oigo son las mías y las de algun periolisto en la radio. Así no hay quien sea buen ciudadano y viaje en autobús, recicle y vaya dando besos por ahí. Rediós, cuanta estupidez y cuanto soplagaitas.

03
Nov
08

Vagos y maleantes

Si les parece bien hoy vamos a ir de parecidos razonables. Pero no de personas -¿para qué?- sino de situaciones. Espero que les guste la idea porque yo, que sé en primicia como termina este artículo, tengo una sonrisa maligna que ni Pulgoso, el perro de aquellos maravillosos Autos Locos.

Imagínese usted, lector, que su horario de trabajo comenzase a las nueve de la mañana. Algo que imagino no será difícil de imaginar porque la mayoría de las personas de bien tienen ese horario laboral. Europeizado, occidental y todo muy unificado y progre. Ya saben. Ahora imagínense que ustedes, que ni son jefes ni son nada pero cobran bien, deciden un día que sudan de cumplir el horario, que eso no va con ustedes y que para qué vamos a madrugar hoy pudiendo quedarnos en casa. Creo que sé la expresión de susto que tienen muchos que ya ven al señor Martínez -jefe claro- con los ojos en órbita señalando la puerta sin antes olvidarse de mentar y ciscarse en toda la familia de uno y recordando que hay que vaciar la mesa del despacho antes de irse. Sinceramente no me daría nada de pena la situación, sin curro ni indemnización (es un claro ejemplo de despido procedente) porque la verdad es que se lo merece por reírse de los que cumplen con lo que está estipulado en un contrato. Contrato que no es más que un papel que afirma algo que se está de acuerdo en cumplir. Algo que también habría que recordárselo a otros trabajadores proletarios como son los futbolistas. Pero este es otro mundo y hoy no estoy para esos masca chapas con dinero.

Creo que las personas con más de dos dedos de frente, es decir, aquellas que no ven Gran Hermano ni porquerías similares en televisión -estoy de acuerdo con el gran Carlos Herrera cuando dice que la televisión no es periodismo. A quien no le guste, que no baile- estamos de acuerdo en afirmar que es la actitud normal. Si uno hace lo que le da la gana no puede pretender que se mire para otro lado como si tal cosa porque vale que este país da asco, que no lo niego, pero una cosa no quita la otra y no son horas para alinearme con los sindicatos, que son casi más chupa dineros que los futbolistas.

Incumples, prefieres dormir a trabajar, a la puta calle. Es una cadena de acontecimientos bastante lógica y simple que hasta Mariano Rajoy podría entender. O quizás no, porque aquí está el meollo. Háganse cargo. El viernes pasado había en el Congreso de los Diputados -para los no duchos, lugar donde se tocan los cojones a dos manos los que se hacen llamar “nuestros representates”- una sesión parlamentaria (incluso se quería hacer creer que era plenaria) acerca de la situación económica, el paro, el trabajo y esa cosas. Y las diez de la mañana les pareció, a sus Señorías representantes, una hora intempestiva de madrugada. Que para qué iban a ir si todos le hacen la pelota  al pesoe por cuatro perras más la cama y los que en teoría -repito, en teoría- deberían ser los toca pelotas, el pepé, hacen menos ruido que un yonki con el mono. Para qué ir si además del tema ya están hasta las narices, todo el día hablando de lo mismo, que cansinos somos la sociedad. Periódicos, la radio, televisión siempre con el temita. ¡Más de diez y menos de cincuenta piltrafillas en el hemiciclo!, ¿nadie se escandaliza? qué vergüenza. Por estar no estaba ni un diputado populista -perdón, creo que quise decir popular- que tenía que preguntar a Solbes acerca de esos datos económicos que, ¡bah! chorrillo de pis de hormiga, tienen poca importancia para los gualtrapas que si madrugan. Y resulta que los jefes de esos gandules, de esos vagos -que somos todos los españoles con derecho a voto- nos importa una mierda. Defiendo, como ya dije muchas veces, una Ley de Vagos y Maleantespara ciertas personas, en primer lugar para los políticos. Todos sin excepción. Desde el amigos de los obreros mas conocido como el marqués y doctor Llamazares hasta el padre de la niña de España, el sedado Rajoy.  A todos esos cantamañanas les importamos una mierda los representados, pero los reposapiés a medida y eléctricos y otras tantas pijadas absurdas ya ven si les interesan. Más que a un tonto un lápiz, o menos; porque resultan más tontos del haba que esos felices tontos.

Que asco me dan rediós. Pero no quiero equivocar el disparo. Los siguientes en esa lista de enjuiciados por vagos y maleantes no somos otros que nosotros, esos pobres representados. La panda de gañanes subnormales, jefes en esto. Nuestros empleados -no son otra cosa- pasan de cumplir sus obligaciones y nos les echamos; ni siquiera nos quejamos un poquito, ni la puntita siquiera. Al contrario, les damos vítores y dentro de cuatro años les votaremos alegres y felices y gritando su demagogia barata. Y luego nos escandalizamos de que la gente se dedique y ejerza la prostitución cuando es lo que políticos y lacayos hacen a diario. La imagen de Pepe Blanco -por ejemplo- en liguero me da náuseas, pero es la mejor representación gráfica de esa clase política que tenemos. Hijos de puta aprovechados de los anormales de carrito que miran para otro lado mientras buscan la papeleta correspondiente. Un poquito de puntualidad Señorías, y un poquito de decencia votantes.

27
Oct
08

Profesores y profesores

¿Dónde vamos a ir a parar? Ya ni en este país tiene uno algo que echarse a la escopeta con lo que llenar un folio cada semana. También ayuda que, como dije en otros artículos, escribir los domingos -en los que juego al fútbol- es cansado físicamente ya que duelen hasta las falanges de todos y cada uno de los dedos. Así que nada, he recordado un episodio de esta semana en una clase, Opinión Pública. Se lo voy a contar porque no tengo mejores cosas que hacer y ustedes si han llegado a este punto tampoco.

Me voy a saltar toda la parafernalia de hacerme el sorprendido de que un profesor universitario de Ciencias de la Información -léase periodismo- exprese sus ideas políticas como si estuviésemos tomando una caña y pinchando mejillones en el salón de su casa con el Real Madrid en la tele. Me niego a hacerme el sorprendido porque estoy en cuarto y ya me he resignado a aguantar a tontos del haba que solucionan sus ansias de informadores famosos opinando delante de cincuenta chicos (y chicas, que recuerdo hay que decirlo todo). Pero lo que si me niego también es a aguantarme. Dios me libre de ser pepero -y más de este pepé- pero los profesores, los pocos, que tienden a ese lado suelen ser bastante más elegantes en cuanto a opinar y en cuanto a aguantar comentarios de cocos vacíos panfletarios.

Verbigracia. El otro día a Teodoro González Ballesteros, profesor catedrático de Derecho a la Información, le hicieron una pregunta sobre el tema de la hipotética muerte de Franco (ideario del Garzón Pursuit) y alguien, si lee y escucha un poco, sabe que su teoría es que lo del juez superstar roza la prevaricación -para mi la toca de lleno- pero su exposición terminó en <<Mis ideas se las expongo si quiere luego en la cafetería tomando algo>>. No me digan que no se echa de menos gente así. Encima viste con pajarita, tirantes y reloj de cadena. Olé usted Don Teodoro. Sigo ejemplificando, y ahora ya llego a mi profesor de Opinión Pública; aunque me van a perdonar que no me sepa su nombre y también me van a perdonar que no quiera buscarlo porque da lo mismo. El caso es que como ejemplo de manipulación periodística puso, así con toda su cara, a Pedro J. Ramírez, su periódico y la investigación del 11 de marzo. Alguien debería decirle a mi profesor que el juicio que comentó como ejemplo de justicia no ha resuelto nada y no tenemos ningún culpable intelectual. Y la idea de que cuatro moritos de Lavapiés fundamentalistas se cargan a doscientas personas igual a él no, pero a mi me chirría. Incluso en clase llegó a decir <<Todavía siguen pensando que hay una extraña mano que pone al Partido Socialista detrás del atentado>>. Tontos los hay en todos lados y las mesas de universidad no se iban a librar. Este es de los que piensan que aquello de Iñaki Gabilondo -en mi facultad lo conocerán por “Dios”, los muy borregos- de los terroristas suicidas con <<fuentes policiales>> fue una equivocación que todos pueden cometer. Todos los de su bando claro, las equivocaciones en el otro bando se pagan con manifestaciones en día de reflexión; así de demócrata. También recuerdo al Gran Iñaki, alias Dios, con aquello de de lapidar e insultar a un discapacitado que asistía a una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en su silla de ruedas. Qué poco manipula nuestro amigo Dios, digo Iñaki. Me estoy marchando a las ramas del pino común porque Gabilondo me da igual; que le idolatre quien quiera y a quien Dios -el bueno, no el de San Sebastián- se la dé que San Pedro se la bendiga. Pero si ese alguien es profesor ya no me parece de recibo y San Pedro no se la bendice, se la escupe en la cara. La tristeza de Educación Para la Ciudadanía es en el colegio de todas formas, haga magisterio y tire millas. Pero no tengo porqué aguantar los odios de nadie mientras intento aprender algo, no me da la gana. Y luego nos callamos porque otros amigos nos dicen que para qué o por miedo a que nos suspendan. Bien lo sabe el profesor Fajardo conmigo. La gente me dirá que la libertad de cátedra es así. Pues si es así, es una mierda y apesta, como el sistema educativo, como casi todo lo público y como España en general. Fácil.

Menudos panfletistas que se quieren llamar profesores hay que tragarse. Como aquí nadie me puede decir nada y esto sí que es un espacio personal -y es como tomarse un café- puedo dar mi opinión: Profesor, como sociólogo que es ayude a Garzón a buscar a Franco y a Cabanillas encuestando a familiares o a ellos mismos si siguen vivos junto con el hijo de Moscardó si hiciese falta. Mis fuentes me han dicho que todos andan muy escondiditos bajo tierra. Para no tener nada que escribir al final me sangran las encías de odiar. Que asco de profesores que van de liberados y son sólo unos esclavos. Esclavos de los políticos además. En los profesores hay clases y es fácil diferenciarlos. Unos te invitan a ir a otro sitio para hablar y otros te obligan a escucharles porque nunca se han visto en una así. No se trata de enseñar mejor o peor, sino de tener clase. Hay profesores y profesores.

20
Oct
08

El Rey Baltasar

La verdad es que me canso de escribir que este país es la máxima expresión del perro del hortelano -el que ni come ni deja comer- así que hoy, para variar, diré que este país es una mierda y que, por seguir cambiando de registro, tenemos lo que nos merecemos. El Atlético de Madrid ayer perdió porque lo mereció, un amigo mío se comió una farola por borracho -se lo mereció- y así un sinfín de cosas como, por ejemplo, que en España Baltasar Garzón sea juez. Pues eso, lo que nos merecemos y sin tirar de la cadena.

Me da pereza hablar de Derecho. Para irles introduciendo en mi apasionada vida les diré que comencé esa carrera y me rajé por ser un coñazo y ser todo muy bonito teóricamente y todo una mierda prácticamente. Pero ese no es el tema que me desvío. El caso es que no se si sabrán que Baltasar Garzón es juez instructor de la Audiencia Nacional. Imagino que lo saben porque ya se encarga él mismo de que todo Dios se entere con cagadas con mayúsculas, con viajes a desenterrar colombianos y con el deseo ferviente de desenterrar los de aquí.

Estoy anonadado. Resulta que, sin enterarme, es posible que lleve viviendo los veintidós años de mi vida en el régimen franquista. Dios mío, y yo cagándome en sus muertos; menos mal que no me ha oído nadie de su familia. Y además, esa frase aprendida de memorieta “El 20 de noviembre de 1975 murió a los 82 años de edad y tras una larga enfermedad el general Francisco Franco Bahamonde”. ¡Zas! En toda la boca. De eso nada, niente, ¡que no pringao!. Garzón ha empezado su Causa General y pide, porque no está claro, el certificado de defunción del otrora Caudillo; además de otros tantos generales de la primera época del franquismo. Seguro que está en un paraíso fiscal con Jesús Gil, Hitler y alguno que otro más. Los jueces gilipollas deberían estar a disposición del pueblo y si el pueblo democrático-soberano decide que su destino es ser ajusticiado al amanecer, que así sea. Me sé tres que en mi lista serían las tres primeras rosas del siglo veintiuno y dos tienen bastante que ver con el partido socialista ya que uno fue en listas y otro forma parte de su órbita obrera y proletaria -me entra la risa sólo de decirlo-. El otro simplemente es un soplapollas que sabrá lo que joden los jueces ineptos cuando sea su hija la que sea violada y asesinada (que es que aquí sólo nos movemos si nos tocan a nosotros, ya saben, que cada uno se aguante su vela y esas cosas).

Resulta que luego vienen teóricos del Derecho con todos sus libros, sus togas y sus mamarrachadas y dicen que es que es una situación formal esa de pedir el certificado de defunción. Pues menuda chorrada si de verdad es así; ¿cada vez que se inicia un proceso contra alguien se pide su certificado de nacimiento por si acaso no existe? No vaya a ser que su pobre madre haya tenido un parto ficticio dolorosísimo y estemos juzgando polvos y cenizas. Pues para empezar que pidan el de Garzón porque no es normal el ataque de megalomanía que tenemos en la judicatura española. Muerto en el entierro, novia en la boda y juez estrella y estrellado. Felipe González le timó y desde entonces anda con un resquemor por el mundo que ríete tú del de Rajoy con su vida. Va por el mundo el juez superstar rechazando querellas contra uno de los responsables de Paracuellos y aceptando otras cuando quien habla es el otro bando, el lado correcto. Si la gente no fuese una abigarrada mancha de estúpidos se llevarían las manos a la cabeza, pero no espero gran cosa. Vamos, que si hay que gastarse el dinero de la gente en desterrar fosas y en buscar a Franco, que así sea. Que quiera encontrar a Mister Franco y pasase de Mister X deja bastante al descubierto su catadura como persona. Me da vergüenza que esto suceda en mi país, España, al que quiero -no así a sus gentes- pero tampoco me extraña porque peores cosas se han visto. Por lo menos tengo la esperanza de que después de este juicio podamos por fin enjuiciar a los asesinos de Viriato, el juicio de la ‘okupación’ de Numancia, el de la inducción al suicidio de Cleopatra y otros tantos. Si Garzón pudo con Pinochet, con los muertos de las provincias rebeldes de ultramar y con Lorca y Franco puede con lo que le echen, qué narices.  Para las próximas elecciones número dos por las listas socialistas otra vez, por sus servicios a la Memoria Históricamente Selectiva. Caradura. Y nosotros aplaudiendo que juzguen chorradas de hace setenta años por egos de reyes o que hagan lo que quieran con nuestro dinero. Ya les votaremos en 2012 con una sonrisa y una frase vacía en la boca. Ya nos repondremos de las hostias politico-jurídicas porque, como dice una amiga mía que acaba de cumplir 21 años, hay más días que judías, ¿no?. En el país de los ciegos el tuerto es el rey, el Rey Baltasar. El que llevaba mirra y no servía para nada. Ahora el Rey Baltasar sólo sirve a su causa, para nada más. Aborregados somos. Si es que me cansa decirlo pero no puedo cambiar, tenemos lo que nos merecemos.

12
Oct
08

La patrona con fiambrera

Hace un año que empecé ha desvariar con ustedes en esta página. Aunque antes no era semanal, mas bien trimestral casi. Es fácil recordar la fecha porque mi primer artículo trataba sobre el 12 de octubre. Fiesta Nacional, Patrona de España, Zaragoza, de la Guardia Civil, Día de la Hispanidad, etcétera. Este año, añadiremos uno más y diremos, 516 aniversario del descubrimiento de los de allá.

Nunca puedo escribir en 12 de octubre porque tengo citas ineludibles con la Guardia Civil y como este año coincide con domingo, por primera vez –y quizás siembre precedente- le doy a la mollera y a la tecla un día antes.

Lo de la mollera es una forma de hablar, ya saben. Si tengo que contarles anécdotas lo voy a hacer porque esto es más una forma cobarde de expresión. Como no puedo plantarme delante de quien sea y decirle esto y aquello se lo digo por aquí y me quedo más ancho que largo. Rebién como decía un amigo mío. Así que hoy me apetece hablarles bajo mi desesperanza de que mañana será igual de esa naturaleza tan peculiar que es la española y cómo actuamos ante lo que, en las invitaciones que recibimos, aparece escrito como “vino español”.

Para los cortos de miras aclarar que la expresión “vino español” encierra no sólo una copa de vino sino un sinfín de productos nacionales y propios del día a día. Croquetas, queso, chorizo, morcilla, tortilla –de patatas como no- son un pequeño ejemplo. Este vino, el día de la Patrona de la Guardia Civil, se da después del Homenaje a los Caídos y de una misa conmemorativa –de las pocas misas que me gustan porque hablan simplemente de Historia y no de lo que hay que hacer sin predicar con el ejemplo-. Este es el sexto año que acudo a la Virgen del Pilar en un puesto de la Guardia Civil y todos los años es igual: al Homenaje a los Caídos van (vamos) los guardias, un par de militares del pueblo, los cónyuges de los guardias y alguna madre y hermano. Camino a la iglesia para dar la misa se unen unos cuantos señores del pueblo que no quieren madrugar tanto –la misa suele ser a las once de la mañana mientras que el Homenaje empieza a las nueve y media-. Cuando termina la misa en torno a las doce y salimos de la iglesia está la plaza llena de gente. Quizás ahora hay una boda piensas. Pero tu ignorancia pronto aflora cuando se unen a la procesión de vuelta al cuartel, estos son los más –las más en realidad- cuya edad supera los cincuenta y sus bolsos son más largos que su morro para poder llevar fiambreras en las que echarse lo que van a catar en breves. Hay veces que uno desea que la Ley de Vagos y Maleantes no se hubiese derogado nunca porque nos íbamos a poner las botas con tanto subnormal. Lo triste entre lo triste es ver cómo en la puerta del cuartel hay todavía más gente esperando. La Guardia Civil está para servir si, pero no comida. Lo que pasa es que les aceptan cuando lo que en realidad quieren –y casi todos los que estamos desde las nueve y media de la mañana allí no por el vino sino por todos los actos- es meterles dos guantazos y darles de comer, sí; pero pan duro, a gorrazos y en calabozos.

Habrán entendido a quién me refiero. A esa gente que le da igual la Virgen del Pilar que la de Fátima que la de su Puta Madre sino que lo que le importa es Su Señora de la Cara Dura. Son las mismas que se pasan el día entero criticando la existencia de tantos guardias (cuando las plantillas son precarias) en su pueblo hasta que le roban cinco céntimos que entonces quiere que esos cinco, los rurales de seguridad y la GESTAPO benemérita si existiese e hiciese falta se abalanzasen con todo el peso de la Ley sobre su cruel agresor –nunca sexual porque suelen ser amargadas y eso se les nota en la cara-. El caso, que se pasan el año criticando a la Guardia Civil. Todo el año menos un día, el 12 de octubre. Día en el que todos son increíbles, majísimos y se desviven por el pueblo –lo de majísimos quizás es más discutible, pero lo otro lo afirmo yo también-. Tienen un morro que se lo pisan, la Fiesta les importa una mierda y lo único que quiere es llenarse el buche de gratis porque esa y no otra es la palabra mágica en España. Pero qué esperan de la gente de a pie cuando la clase elevada –supuestamente- dice un año una cosa y al siguiente otra. Un hombre supuestamente tradicional dice el año pasado que hay que manifestarse con franqueza en la Fiesta Nacional y éste dice que el desfile militar del Paseo de La Castellana es un coñazo. Rajoy es un soplapollas. Te va a votar la madre que te parió. Mariano no es distinto de la figura que les expliqué un poco más arriba. La única diferencia es que él en su tupperware de diseño quiere meter a España, las que describí un par de croquetas. Vergüenza me da. Por cierto, viva la Guardia Civil.

05
Oct
08

Igualdad contra Puri

No sé qué me da, pero me da, que Bibiana Aído -a la sazón primera Ministra de Igualdad de la Historia de España- no tiene ni pajotera idea de cocinar. Ni ganas. Tampoco una tal María Jesús Sáinz, senadora popular por La Coruña, lugar donde el arriba firmante nació por lo que me da más lástima tener que compartir provincia con la defensora rajoyesca de lo políticamente correcto.

La que por lo visto sí sabe cocinar y hace unas croquetas como para ir todos los domingos a comer es la tal Puri. No conozco a Puri y, ahora mismo, no tengo ni tiempo ni fichas para conocerla. Pero me la imagino morena con el pelo recogido en un moño en todo lo alto y diciendo que hoy va a hacer croquetas. Y el cabrón de Paco -el anuncio no decía su nombre y de alguna forma tendré que llamarle- con toda su pachorra, comiendo unas croquetas como Dios manda, cocinadas por una mujer de los pies a la cabeza que, además, le quiere. Paco tiene por especialidad el pollo al limón e igual está pensando que el próximo fin de semana, cuando libran los dos porque trabajan como campeones para pagar una hipoteca de mil euros, le devolverá el favor de las croquetas que se va a zampar.

Y ahora, ministra de cuota y senadora chupatintas, díganme donde ven el ‘escándalo gravísimo’ que dijeron era este anuncio donde el hombre ensalzaba las croquetas de su mujer negándose a abandonarla. Es que son ustedes un poquito subnormales y un cáncer para esta sociedad que no avanzará mientras ustedes se dediquen, como mujeres además, a denunciar estupideces como la arriba expuesta. Resulta que ahora una mujer no puede cocinar porque es sexista. Y si el hombre, por casualidad, tampoco puede ¿qué hacemos?, ¿nos gastamos el dinero en una asistenta -o asistente, paridad por Dios-? Están las cosas como para gastar el dinero en eso dirán Paco y Puri. En cada casa cuecen habas y en la mía, desde que yo era pequeño, el que cocina -mejor que Puri por cierto- es mi padre y alérgica a la cocina resultó ser mi madre -algo que, con perdón y respeto a mi progenitora, agradecen mi paladar y estómago-. O sea que para Aído y compañía mi casa sería el non plus ultra del progresismo y paridad; lo que hay que ver.

Cargo, apunto y disparo: resulta curioso ver como el paladín (¿’la paladina’?) de la igualdad, la jefa del nosotras parimos, nosotras decidimos se entere de este anuncio en el Senado. Y no ya porque la tendrían que informar, sino porque la informada tendría que ser ella. Un poquito de cultivación Bibiana que además lo tenías fácil ya que es un anuncio del gobierno al que perteneces. Aunque resulta divertido -y desesperante- ver como en este país donde la política es una auténtica mierda todo lo malo acaba por pegarse. No basta con tener a una Aído en el lado socialista -el progre, el guay, el que está de moda-  sino que tenemos una Aído (de nombre Sáinz) en el otro bando. Ya todo es políticamente correcto y cívicamente vomitivo. Será que no hay cientos de anuncios con los ‘estereotipos’ masculinos. En esos casos reímos la gracia, ¿verdad?. Que asco me da. Ya no puede ni la Puri cocinar tranquila sus croquetas sin pensar en nada sino que también en eso tiene que meterse el Poder, el Gobierno, la mierda del aborregamiento intelectual y social. La Puri es mil veces más femenina que Aído, Sáinz y todas las erizas pancarteras libre-abortistas que estén felices porque han retirado este anuncio -”¡otra victoria para las mujeres!, la libertad está más cerca” andan vociferando-. Nada tengo a favor ni en contra de este anuncio que, si siguiese en las ondas, ni lo escucharía; pero que gracias a una actitud de mujeres sin fronteras me ha dado pie a comentar su tan mal vista desigualdad. Por favor, déjense de gilipolleces igualitarias que nada tienen que ver con la realidad. Si piensan que con estas medidas de pitiminí van a lograr algo son más subnormales de lo que pensaba, de verdad. Ya les digo, cuando sus ilustrísimas plazcan les invito a mi casa para que vean a mi padre con delantal y así se coman una merluza a la vizcaína que se chuparán hasta la tercera falange de los dedos. Eso sí, luego no denuncien a mi padre porque después de cocinar se tire en el sofá a ver a Fernando Alonso y pedirme a mi que ponga la mesa y a mi madre que friegue después de comer. Reparto de tareas se llama. Catetas, que sois unas catetas.