Archivos para Noviembre 2008

24
Nov
08

Hombre tonto, hombre enamorado

Pues apuntando y disparando, que es gerundio. Hoy tengo poco tiempo y por hache o por bé  me siento como esa escoria universitaria de la que les hablé la semana pasada, vacío intelectualmente. Ni siquiera el fútbol me parece hoy una escapatoria digna como aborregamiento de masas y eso que los gallegos de María Pita -con los cuales me identifico en la victoria y, si la derrota es honrosa, en ésta- le enchufaron tres goles al equipo más español de Primera, el Athletic de Bilbao. Y, además, España ha ganado la Copa Davis a Argentina, el país de los Kirchner. Cosa que me alegra doblemente, por patriotismo deportivo y por odio irracional a todo lo argentino excepto si lo argentino se llama Martina Klein.

Pero no me quedaré en estereotipos baratos de boludos -psicólogos en su mayoría- que nada dicen y nada se llevarán a la boca ustedes. Que sé entran aquí con ganas de que me meta con alguien. Así que a eso voy, con el deseo de que mi hermano nunca entre a esta página.

La naturaleza estúpida de los hombres -hablo del género masculino- se hace mayor cuando se está, lo que se dice por ahí, enamorado. Sin físicas ni mariposillas en el estómago somos capaces de hundirnos, insultarnos, masacrarnos o putearnos. Pero si además de personas añadimos el término enamorado, se arma la Marimorena. Somos gilipollas con patas. Y un ejemplo lo tengo en Diego, mi hermano mayor. Lo bueno es que todos ustedes verán en este pequeño ajuste de cuentas algo que les lleve a una situación cercana. Verbigracia. Diego es la persona más decente e íntegra que conozco. Una de las pocas personas que hay en el mundo que todavía hoy se mueve por honor y palabra. Es una de esas personas que con una frase y una mirada reafirmadora hace que sepas que iría al fin del mundo a la pata coja por mantenerlo. Si alguien piensa que estoy siendo subjetivo le invito a conocerle. Desde que era pequeño siempre ha cumplido, conmigo y con todos los que conozco.

A parte de todo eso, tiene una cara de bueno que no puede con ella. Tanto es así -lo de no poder con ella- que de bueno, es tonto. Y de esto hay ejemplos para llenar todos los domingos hasta que vengan cabalgando los amigos apocalípticos -y no me refiero ni a Solbes ni al cejas-. Mi hermano nunca mintió de pequeño cuando hizo trastadas y aceptaba el castigo como parte de la fechoría. Además -el tonto- no se chivaba cuando la liaba yo (obvia decir que yo si mentía. Incluso le inculpaba a él. Hacía gala de mi derecho constitucional a defenderme como pudiese). Con esto no quiero decir que mi hermano sea mejor o peor. Sólo distinto.

Pero heme aquí, dándome con un canto en los dientes. Resulta que Diego es distinto por cómo desarrolla su vida y su honor hasta que se cruza el costillar; es decir, la mujer. Aquí mi hermano ya cumple con la humanidad y todos como en Fuenteovejuna. La parte pastelosa pregúntenmela por correspondencia porque me la voy a saltar y sólo diré que mi hermano tuvo una novia con la cual se iba a casar. Una de esas mujeres que te miran con recelo, de reojo, que se cree inferior intelectual y moralmente -casi seguro con razón- y se fija en cualquier estupidez. Recuerdo una queja de mi ex-cuñada. Consistía, la gran queja, en que una vez Diego no fue caballero y no le abrió la puerta a su paso -la marquesa-. A saber porqué no le abriría la puerta mi hermano pero, visto lo que pasó tiempo después, podía haber sido un poco más caballeroso, abrirle la puerta y en el justo instante en que su instrumento nasal asomase meter un viaje que ni Ruiz Mateos.

Pero eso lo pienso yo. No mi hermano. De él no sale una palabra mala hacia ella. Todavía piensa que es posible, quizás, él hizo algo para que esto sucediese. Y claro que hizo, lo que hizo fue ascender en su trabajo para poder darle una vida y una casa mejor, para poder dar todo a esa chica que, está claro ahora, no lo merece. Ayer dividieron lo que habían reunido juntos ya que vivían arrejuntados -y ahora no me venga ningún monseñor a tocarme las narices religiosas-. Mi hermano como hombre, como hombre bueno y, además, como hombre enamorado -háganse cargo la cantidad de gilipollez que tiene que tener encima ahora mismo- acepta sin rechistar que los regalos que él hizo se los quede ella, lógico, y los que ella le hizo a él no. Ya no es que sea una televisión de la hostia que me vendría de lujo en mi casa nueva, es que como si es una pulsera de hilo. Pues con eso y otras cosas mi hermano ha cedido y nadie le va a poder convencer de lo que tendría que hacer porque no va (vamos) a conseguir nada. Sólo se me ocurre invitarle a unos tercios, repetir eso de “las mujeres sólo te complican la vida”, pasar de cerveza a whisky y acabar los dos agarrados, como cuando eramos pequeños. Sonriendo, como va a ser siempre por muy gilipollas que esté por una chica o por muy honrosa que sea siempre su actitud. La culpa siempre es nuestra, porque somos unos blandos.

Me doy cuenta de que hay excepciones. Quizás por gente como mi hermano es posible que no todo sea mentira y propio aprovechamiento. Quizás todavía haya espacio para los caballeros de antaño -por mucho que su ex-novia no lo vea- que de lo único de lo que presumen es de sus hechos, no de sus coches. Con gente como mi hermano todo sería menos maligno y con menos odio. En eso es totalmente opuesto a mí. Por gente como mi hermano soy capaz de contradecir una de mis famosas sentencias. Hay gente, gente buena, que no siempre tiene lo que merece.

16
Nov
08

Escoria universitaria

Hay una especie de subpersonas -aunque sea mucho denominarlas personas- que van en aumento en los campus universitarios. Al menos en el campus de Ciudad Universitaria en Madrid y, al menos, en la Facultad de Ciencias de la Información. Les voy a decir de lo que hablo porque igual me están dando la razón como a los tontos.

Modelito-tipo de esta bazofia estudiantil: rastas de peluquería o pelo largo -obligatorio no lavarlo-, vaqueros rotos de marca -preferible Levi Strauss que era un americano obrero-, camisetas Mercado Fuencarral -no menos de veinte euros-, cazadoras vaqueras con las mangas cortadas o bombers militares, chapitas a euro de todo tipo de eslóganes para borregos en las que el humor no puede faltar. “Bu$h” o “Antifascista” suelen ser típicas. Y para acabar, zapatillas Vans o Etnies o algo así, que tampoco conozco en profundidad. Eso sí, la pinta de guarro no se la quita ni Mister Proper en sesión contínua. Y la gilipollez también es difícil de quitársela, sobre todo porque quieren seguir siéndolo y así ni discursos razonados ni cristo que lo fundó. Antisistemas se hacen llamar.  Escoria violenta sectaria o gentuza borracha les llamamos los demás. Y encima van de derechos para todos, quieras o no. Te jodes porque “esto es lo chachi y lo de izquierdas”. Gracioso que se hagan llamar antifascistas los retrasados.

Voy al tema. El martes y el miércoles hicieron un encierro en la universidad  -seguramente mamá echó de casa al cabecilla por no hacer la cama y le pareció bueno montar esta pantomima- con el pretexto de quejarse del Plan Bolonia. El cual ni conocen. Pero en este país para criticar nunca ha sido necesario conocer nada. Faltaba más. En cuanto al encierro, supongo que pasaría conforme a lo acordado. Quedarse en la facultad por la noche, prohibido. Acampar en un lugar de la administración pública, prohibido. Llenar todo de mierda, no estará prohibido pero es de gentuza. Están convencidos de que pueden llenar todo de papeles y cartones. Están en su derecho, para variar. Digo yo que será el mismo derecho que tendrá la señora de la limpieza para meterles la escoba por su refinado esfínter al más puro estilo Vlad El Empalador. Menuda acampada de proletarios se montaron con sofás, televisión y toda la tecnología de portátiles y consolas. Mimados revolucionarios. Además, como la Complutense está mandada por quien está -Berzosa, el amigo de los progres- no pasa nada. A todos los que la liaron por la noche en la facultad se les expulsaba y a quien no le guste que se joda. Se acababa fácil la tontería progresista porque ya les digo yo cuantos seguirían “en la lucha camarada” sabiendo que el final es ser expulsado. Cero.  Pero claro, luego dirían que son unos fascistas los rectores y decanos por no permitir la libertad de expresión y alguna otra demagogia que se les ocurra y eso no se puede permitir. Berzosa en particular y la izquierda en general son el non plus ultra de lo políticamente correcto. Rediós que mala uva me entra.

Hablando de estos engendros sociales no  se podía quedar aquí la cosa. El jueves, día uno después del encierro, se organizó una huelga de estudiantes. Y aquí surgió la primera duda: ¿el derecho a huelga no es para los trabajadores? Como no conozco -ni ganas- el estatuto estudiantil me ahorro estropear la página pero dejo ahí la pregunta. El caso es que llegué el jueves a clase sin conocimiento de esa huelga por motivos que no vienen al caso y cuando me dispuse a entrar en el edificio me encontré con una piara de esos personajes que se fundían en el paisaje con unos contenedores de basura (bonita metáfora por cierto) con los que estorbaban la entrada a la facultad. Me dije a mí mismo que era muy pronto para liarla y seguí andando hacia la puerta de atrás. No fue del todo sorpresa ver que la trasera estaba completamente libre, sin nadie que la vigilase y te enjuiciase. Digo que no es del todo sorpresa porque no espero nada del intelecto de esos paniaguados. Una vez dentro, después de compartir comentarios con mi compañero Miguel Ángel Sánchez y de confirmar que no iba a haber clase nos dispusimos a tomarnos un café. Algo muy típico sea huelga o no. ¡Pero no para los defensores de la libertad!. Los indeseables vagabundo de la facultad a los cuales ya sólo les faltaba el perro y la flauta para ser verdaderos compañeros de jerinquilla en las Barranquillas nos taponan la entrada a la cafetería. Y con un plato y una cucharilla de café empieza una obesa muy guapa de cara -de cara a la pared- a martillearme el cerebro con una melodía descompasada. Trauma musical de la infancia imagino, y eso que tocar los triángulos no era complicado. A esa mujer le hacía más gracia tocar los cojones por lo visto. Los suyos y los ajenos. ‘¡Me voy a tomar un café!’ fue mi respuesta a esa décima sinfonía que no pudo hacer Beethoven. Pues no contentos con el concierto que nos obligaron a escuchar, el último de lo que pretendía ser un piquete me tuvo que preguntar que a dónde iba. A tirarme a tu pobre y santa madre chaval. Sólo faltaba tener que decirle a un niñato lo que hago o dejo de hacer. O igual es que pretendía seguirme por algún motivo sentimental. Es posible que fuese maño, en eso no había caído. Ahora siento haber sido tan grosero con él.

Se envalentonan porque la sociedad les deja. Son el grupo radical ’simpático’ de nuestros días. No son nazis dicen, cuando en realidad lo son tanto o más que los que se ven en la tele con la cabeza rasurada. Pero como son progres y es lo que mola como si quieren ser de la secta de Violadores De Hermanas Ajenas que no pasa nada, no vamos a ser intolerantes por favor. Esa escoria de niños de papá acepta y disfrutan de la sociedad y del capitalismo para comprarse sus caprichos caros pero que lo critican porque queda muy cool. La culpa es de todos, para variar. Estoy cansado de decir que tenemos lo que merecemos y en esta universidad regida por los intereses más sectarios que haya visto jamás no se puede esperar que salgan personas libre pensadoras -ni pensadoras casi- de debajo de las piedras. Encima intentan imponer sus gilipolleces a los demás. Si quieren ser gilipollas que lo sean, en eso no me meto. A quien Dios se la de que San Pedro se la bendiga; pero que no nos obliguen a los demás a ser tan tontos como ellos. Hacía mucho que no se lo llamaba a nadie pero se lo merecen. Esa panda de guarros infrasociales y los que les permiten actuar a sus anchas por la facultad en realidad, lo que son, no es más que unos hijos de la grandísima puta.

10
Nov
08

El autobús que cacarea

Alguna semana tenía que pasar. Hasta ahora habían sido días esporádicos pero era demasiada suerte. Tres años ha que resido en la sierra madrileña, era mucho pedir. Por fin he usado el autobús como medio habitual de transporte. Me refiero a los verdes esos que hay por ahí -incluso los de Navacerrada son como los que otrora eran de Sepulvedana; parece que nos vamos de viaje de fin de curso-. Llámenme bohemio -o soplapollas ignorante-, pero estaba convencido de que esos autobuses serían mas normales que los urbanos, más humanos. Y mi circuito mental para pensarlo no era más que la idea de que la gente en la sierra parece -digo parece- más formal y educada. Será por el frío, que nos tiramos el santo día encerrados y para treinta minutos que salimos habrá que saludarse y esas cositas de conciudadanos modélicos.

Y ya me vale a estas alturas de la película seguir pensando bien de la gente. No sé a qué se debe que tenga  esta idea idílica de la abigarrada mancha de personajillos que somos y seremos -y fuimos por supuesto-. La gente es igual de estúpida en Navacerrada, en Villalba, en Madrid y hasta en Villarcayo de la Merindad de Castilla la Vieja -provincia de Burgos por si quieren acercarse-. E incluso son igual de cotorras sin pico, típicas señoras de moño de peluquería. Que tienen toda la pinta de ir a misa y ponerse a criticar a la vecina con el vermuth de después.

Allá vamos. Cargo, apunto y disparo. El viernes, como otros días de esta semana que finaliza, me monté en el autobús con destino Madrid para, como buen estudiante, asistir a una conferencia de mi profesor de opinión pública sobre, como buen profesor, gilipolleces y estupideces políticas -redundancia si, pero tontos hay en todos lados-, además de sectaria por cierto, algo que no me sorprende ya que antes de que empezase a soltar paridas demagógicas partidistas por la boca sabía lo que iba a decir. Está mi compi Guillermo Del Palacio para confirmarlo.

Me lío a hablar y no centro el disparo. Decía que monté en el autobús. Era tarde ya, las diez y media de la mañana más o menos. No había tenido primera hora y me vino que ni pintado porque el día anterior había salido a socializarme durante la noche. Mis ganas de dormir eran evidentes así que me hice fuerte en un par de asientos y usando mi carpeta como acompañante conseguí que nadie se sentase a mi lado. Vi el cielo abierto y ladeando la cabeza me propuse dormir con música en los cascos. Vaya, se me descuajeringó el cacharro de la música. No importa me dije, con el sueño que tengo me da igual dormirme así. Y sí, la verdad que lo estaba consiguiendo hasta que empecé a escuchar -a voz en grito- a una señora que saludaba efusivamente a una tal Conchi. Remarco que la señora que saludaba resultó ser una de esas que cuando la miras después de oir su voz descubres que tiene una voz que pega con su gepeto: insoportable. Con gran sufrimiento acepto que se salude de manera excesiva y cariñosa porque igual no se veían desde que a la fea de la saludadora le amputaron la belleza con la misma fuerza con la que le amputaría yo las cuerdas vocales; pero una cosa es aceptar que se saluden y otra aguantar a la tía esa darle la chapa a Conchi. Porque esa es otra, yo a Conchi no la oí hablar después del saludo, así que intuyo que no estaba muy a gusto con la conversación. Porque en realidad lo que quería la maldita estúpida era contar su vida tan divertida. Y no se lo quería contar a Conchi, sino al autobús entero; ala, con dos cojones.  Y no te parto la cara porque incluso yo he sucumbido a lo políticamente correcto.

Me enteré de que le regalaron un año enterito de Canal + porque la querían timar y cobraban un servicio que ya no se prestaba y les denunció. A la frase siguiente dijo que se lo ofrecieron pero lo rechazó, y si hubiese tenido otra frase la historia de la cadena de Polanco seguramente sería que pidió genuflexionarse delante de Don Jesús -que en Paz descanse- para que no la petasen sus ahorros. También me enteré de que era una solidaria social. Preocupada por el prójimo con frases como “eso se lo hacen a una persona que no sepa y se la lian ¿eh Conchi? Que porque yo sé de estas cosas que sino…”. No acabó la frase porque no tiene intelecto para más y yo, en el bus, no la terminé porque no tengo tantos huevos -la mujer tenía pinta de desvestirme de sólo pensar en darme una hostia-.

La mujer entendida y solidaria me dió todo el asqueroso viaje -cuarenta minutazos- con su tono de voz alto y estridente, no pude dormir y mi dolor de cabeza por la falta de sueño se incrementó por los problemas trascendentales que del buzón de esa señora salían. Y encima cuando nos bajamos en Moncloa se me quedan mirando con cara de “¿y este tonto?” sólo porque me despedí con un ‘hasta luego Conchi’.  ¿Quién dice que la educación no da salud? si la gente fuese un poco más educada yo habría podido dormir un poco y no hubiese tenido ese dolor de cabeza y malestar general. Si la gente supiese que un autobús no es una tasca ni el salón de su casa yo habría soñado, no sé, con que España es un país donde la gente trata de usted a los desconocidos, sabe donde puede contar sus intimidades, habla en bajo, se calla en las bibliotecas, no es una caradura egoísta y, en definitiva, donde se es persona. Pero igual es mucho soñar. Casi que prefiero gastarme el dinero en gasolina y la paciencia en atascos. Ir en coche tiene ventaja, por lo menos las únicas memeces que oigo son las mías y las de algun periolisto en la radio. Así no hay quien sea buen ciudadano y viaje en autobús, recicle y vaya dando besos por ahí. Rediós, cuanta estupidez y cuanto soplagaitas.

03
Nov
08

Vagos y maleantes

Si les parece bien hoy vamos a ir de parecidos razonables. Pero no de personas -¿para qué?- sino de situaciones. Espero que les guste la idea porque yo, que sé en primicia como termina este artículo, tengo una sonrisa maligna que ni Pulgoso, el perro de aquellos maravillosos Autos Locos.

Imagínese usted, lector, que su horario de trabajo comenzase a las nueve de la mañana. Algo que imagino no será difícil de imaginar porque la mayoría de las personas de bien tienen ese horario laboral. Europeizado, occidental y todo muy unificado y progre. Ya saben. Ahora imagínense que ustedes, que ni son jefes ni son nada pero cobran bien, deciden un día que sudan de cumplir el horario, que eso no va con ustedes y que para qué vamos a madrugar hoy pudiendo quedarnos en casa. Creo que sé la expresión de susto que tienen muchos que ya ven al señor Martínez -jefe claro- con los ojos en órbita señalando la puerta sin antes olvidarse de mentar y ciscarse en toda la familia de uno y recordando que hay que vaciar la mesa del despacho antes de irse. Sinceramente no me daría nada de pena la situación, sin curro ni indemnización (es un claro ejemplo de despido procedente) porque la verdad es que se lo merece por reírse de los que cumplen con lo que está estipulado en un contrato. Contrato que no es más que un papel que afirma algo que se está de acuerdo en cumplir. Algo que también habría que recordárselo a otros trabajadores proletarios como son los futbolistas. Pero este es otro mundo y hoy no estoy para esos masca chapas con dinero.

Creo que las personas con más de dos dedos de frente, es decir, aquellas que no ven Gran Hermano ni porquerías similares en televisión -estoy de acuerdo con el gran Carlos Herrera cuando dice que la televisión no es periodismo. A quien no le guste, que no baile- estamos de acuerdo en afirmar que es la actitud normal. Si uno hace lo que le da la gana no puede pretender que se mire para otro lado como si tal cosa porque vale que este país da asco, que no lo niego, pero una cosa no quita la otra y no son horas para alinearme con los sindicatos, que son casi más chupa dineros que los futbolistas.

Incumples, prefieres dormir a trabajar, a la puta calle. Es una cadena de acontecimientos bastante lógica y simple que hasta Mariano Rajoy podría entender. O quizás no, porque aquí está el meollo. Háganse cargo. El viernes pasado había en el Congreso de los Diputados -para los no duchos, lugar donde se tocan los cojones a dos manos los que se hacen llamar “nuestros representates”- una sesión parlamentaria (incluso se quería hacer creer que era plenaria) acerca de la situación económica, el paro, el trabajo y esa cosas. Y las diez de la mañana les pareció, a sus Señorías representantes, una hora intempestiva de madrugada. Que para qué iban a ir si todos le hacen la pelota  al pesoe por cuatro perras más la cama y los que en teoría -repito, en teoría- deberían ser los toca pelotas, el pepé, hacen menos ruido que un yonki con el mono. Para qué ir si además del tema ya están hasta las narices, todo el día hablando de lo mismo, que cansinos somos la sociedad. Periódicos, la radio, televisión siempre con el temita. ¡Más de diez y menos de cincuenta piltrafillas en el hemiciclo!, ¿nadie se escandaliza? qué vergüenza. Por estar no estaba ni un diputado populista -perdón, creo que quise decir popular- que tenía que preguntar a Solbes acerca de esos datos económicos que, ¡bah! chorrillo de pis de hormiga, tienen poca importancia para los gualtrapas que si madrugan. Y resulta que los jefes de esos gandules, de esos vagos -que somos todos los españoles con derecho a voto- nos importa una mierda. Defiendo, como ya dije muchas veces, una Ley de Vagos y Maleantespara ciertas personas, en primer lugar para los políticos. Todos sin excepción. Desde el amigos de los obreros mas conocido como el marqués y doctor Llamazares hasta el padre de la niña de España, el sedado Rajoy.  A todos esos cantamañanas les importamos una mierda los representados, pero los reposapiés a medida y eléctricos y otras tantas pijadas absurdas ya ven si les interesan. Más que a un tonto un lápiz, o menos; porque resultan más tontos del haba que esos felices tontos.

Que asco me dan rediós. Pero no quiero equivocar el disparo. Los siguientes en esa lista de enjuiciados por vagos y maleantes no somos otros que nosotros, esos pobres representados. La panda de gañanes subnormales, jefes en esto. Nuestros empleados -no son otra cosa- pasan de cumplir sus obligaciones y nos les echamos; ni siquiera nos quejamos un poquito, ni la puntita siquiera. Al contrario, les damos vítores y dentro de cuatro años les votaremos alegres y felices y gritando su demagogia barata. Y luego nos escandalizamos de que la gente se dedique y ejerza la prostitución cuando es lo que políticos y lacayos hacen a diario. La imagen de Pepe Blanco -por ejemplo- en liguero me da náuseas, pero es la mejor representación gráfica de esa clase política que tenemos. Hijos de puta aprovechados de los anormales de carrito que miran para otro lado mientras buscan la papeleta correspondiente. Un poquito de puntualidad Señorías, y un poquito de decencia votantes.